Alexa no me dice nada. Ambas nos quedamos mirando, ella con sus ojos bien abiertos, yo bastante confundida. —Hagamos algo —dice dando un suspiro dramático—. Yo te dejaré en la casa para que comas y descanses, ¿está bien? —¿Y tú a dónde irás? —Iré a la farmacia a comprarte algo, y al regresar, te lo daré. —Gracias, Alexa… estoy segura de que con algo para las náuseas, me sentiré mejor en la noche. —Mujumm, y yo soy La Mujer Maravilla. —¿Ah? —¿Qué? —me responde con un gesto de cara muy gracioso. Ambas nos reímos de la situación, mientras ella vuelve a retomar la marcha hacia la casa. Quince minutos después, llegamos. Alexa no apaga el auto, se queda esperando a que yo salga y cierre la puerta. —Ahora vuelvo para salir de dudas. Me dice una vez yo fuera. Cuando voy a preguntarle a

