Capítulo 42

1370 Palabras

Eva se comió toda la cena que Javier le había dejado; estaba deliciosa. Entró a la recamara de la verdadera Katiana, y luego de quitarse los vestidos, se ducho. Tomó la toalla, se secó el cuerpo y se cubrió con ella. Luego fue al armario para buscar algo de ropa. ―Que sexy te ves ―dijo Milar, sentado desde la cama. ―¿Pero qué rayos? ―exclamó enfadada. Se había asustado. ―¡Ah! Perdón por la sorpresa ―sonrió. ―¿Qué haces aquí? ―¿Es enserio? ―se levantó. Eva no dijo nada―. Tú sabes que hago aquí. ―Ella está bien. Katiana está bien. ―Eso es bueno ―se le acercó―. ¿Dónde está? ―En un lugar seguro. ―¿En tu cabaña? ¿En el lugar donde te hospedas bajo la identidad de Verónica? ―Tenerla ahí es estúpido. Sería bastante obvio. ―Sí… pienso lo mismo ―se dio vuelta y caminó hasta la puerta.

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