Me rehusaba completamente a volver a ese "trabajo" no me sentía cómodo en lo absoluto, quizás lograba conseguir otra cosa en la que fuese bueno, solo debía hablar con Alika, ella lo arreglaría todo, al menos eso esperaba.
—¿Te pasa algo, hijo? — estaba sentado en la parte trasera de la casa, creí que nadie me encontraría allí, pero al parecer también me equivoqué en eso. Volteé inmediatamente para darme cuenta de que era la abuela... o al menos la nueva versión mejorada y más joven de la abuela.
—No pasa nada, solo quise sentarme un momento y descansar — contesté enseguida.
—Eso está bien, en ocasiones las personas necesitamos tomarnos un respiro — contestó ella con una sonrisa — no has ido al trabajo ¿hay alguna razón para ello? — lo pensé un instante antes de responderle, aún existía algo que no me hacía sentir cómodo. Probablemente solo estaba siendo paranoico, pero algo en mí me decía que huyera lo más pronto posible — puedes contarme lo que sea, después de todo soy tu abuela, eso es algo que nunca va a cambiar.
—No lo sé, siento que no puedo hacerlo bien — confesé dándome por vencido.
—¡Lo haces asombro! — exclamó ella sonriente — eres el mejor en lo que haces, tú eres la principal fuente de inspiración de estas personas.
—No era yo, la persona que sale en los anuncios, en los catálogos, no era yo, solo era mi cuerpo siendo controlado — quizás se me fue un poco la mano, me levanté exaltado subiendo un poco más de lo común el tono de mi voz, por alguna razón todo lo que estaba sucediendo me enloquecía de sobremanera.
—No sirve de nada que te alteres, es inútil, no va a cambiar la realidad, no va a cambiar el pasado, no va a cambiar quién eres, es un comportamiento completamente irracional — eso que estaba diciendo no me sonaba bien, si bien tenía algo de razón no sería algo que diría la abuela, no lo sé, la abuela realmente diría algo como: «Las galletas lo solucionan todo, corazones rotos y tardes de domingo»
—Creo que no alcanzas a comprender como me siento, estoy triste, enfurecido, perdido — dije dando un largo suspiro, con la esperanza de que realmente fuese mi abuela la persona con la que estaba hablando.
—Te equivocas, número 1. Claramente puedo procesar el sentimiento — esa fue la gota que derramó el vaso, me alejé lentamente mirándola fijamente — ¿A dónde vas? — preguntó.
—¿Qué acabas de decir?
—He dicho que estás equivocado, sé perfectamente cómo te sientes, puedo procesarlo. Sé perfectamente la definición de tristeza, sé perfectamente la definición de furia y claramente también conozco la de dolor.
—¿Qué rayos eres? — pregunté asustado.
—Soy tu abuela — respondió con normalidad, incluso esbozó una sonrisa.
Me fuí inmediatamente del lugar, busqué mi teléfono, aún no sabía usarlo muy bien, pero al menos podía llamar. En menos de quince minutos Alika estuvo estacionada en frente de mi casa.
—¿Pasa algo? — mamá era muy buena indagando, pero no sabía que decirle, no era capaz de confesarle que huía porque su madre parecía estar poseída.
—No pasa nada, solo necesito solucionar un par de cosas del trabajo — quizás yo no era muy bueno actuando porque ella no parecía para nada convencida con mis palabras.
—Creí que ibas a tomarte unos días libres.
—Así era, madre. Pero siento que no puedo solo quedarme aquí con los brazos cruzados, debo hacer mi contribución a la sociedad.
—No podrás contribuir nada si no organizas tus pensamientos — replicó firmemente.
—Tienes razón y en este preciso momento iré a organizarlos. Bendición.
Fuí lo más rápido que pude hacia Alika y me subí a Emtis, él me saludó tan gentil como siempre, la verdad sí era reconfortante tener como amigo a alguien como él. Pensándolo bien no entendía porqué Emtis me agradaba tanto, después de todo él también era solo una inteligencia artificial, bueno, precisamente fue programado para agradarle a las personas, quizás allí se encontraba la obvia razón.
—¿Sucede algo? — preguntó Alika mientras me miraba, se le veía bastante serena, parecía no inmutarse ante nada.
—Si escucho esa pregunta una vez más me voy a lanzar al primer auto que se acerque.
—Los autos se detendrían instantáneamente, así que solo estarías haciendo el ridículo.
—Muchas gracias por su apoyo, señorita. Es justo lo que necesito — comenté en un tono burlón.
—Eh... — ella se quedó un momento pensando antes de proseguir — mira el lado bueno, sería ridículo pero entretenido, además sería una manera de demostrar la seguridad de la vía en la actualidad, un mundo donde ya no hay accidentes de tránsito y nadie mejor que nuestro modelo estrella para darnos esa lección.
—No soy un modelo, no importa cuanto lo digan o cuanto se esfuercen en convertirme en uno — Repliqué calmadamente.
—¡Hombre, eres tan negativo! Tienes que tomarlo con calma, te diría que serás el mejor, pero no es así, tú ya eres el mejor — ella transmitía una energía tan brillante, tan cálida, tan acogedora.
—No quiero ese empleo, Alika. Te ruego que por favor me asignes otro — lo que decía era más bien una súplica, solo me faltaba llorar a sus pies y sentía que estaba cerca de hacerlo.
—Oh, eso es imposible — contestó sonriente.
—No es imposible, puedo hacer cualquier otra cosa — Repliqué desesperado.
—Mmm... — ella colocó su índice en su barbilla, parecía estarlo pensando — no, no lo creo. Fuiste asignado para ser modelo, no tienes otra opción.
—¿Qué quieres decirme con eso?
—Justo lo que escuchaste, debes ser modelo. El sistema ya ha elegido tu carrera, ahora solo te pedimos ser útil.
—Debería tener la libertad para elegir lo que quiero ser — aseveré — así como las muñecas Barbies.
—Si viviéramos en un mundo de plástico caótico, quizás, pero no es así.