David:
Luego de dos largas horas por fin habíamos terminado el dichoso trabajo, me dolía un poco el cuello gracias a que había permanecido mucho tiempo en la misma posición por la que comencé a sobarme en esa zona y a girar mi cabeza para ver si el dolor disminuía un poco. Santiago que estaba terminando de buscar una cosa en el computador se percató de mi malestar
- ¿Te duele el cuello?
- Un poco, pero no es nada grave – me reí un poco
- Déjame ver – se levantó de la silla en la que estaba sentado y se colocó detrás de mí en la cama. Sentí de pronto que colocó sus manos en mi espalda y fue tocando poco a poco la zona cercana a mi cuello, de pronto sentí un leve dolor cuando hizo presión en la parte baja del cuello- ¿Aquí te duele?
- S… sí – estaba muy apenado al sentir cómo Santiago me tomaba por detrás y con suma ternura me masajeaba, era hermoso
Continúo masajeando mi cuello en distintas partes mientras me preguntaba por dónde más dolía, luego de unos minutos terminó, se giró y me vio con una gran sonrisa en su rostro
- ¿Y bien? ¿Mucho mejor? – preguntó mientras me veía con esos ojos tan llamativos
- Así es. Muchas gracias – le sonreí tímido
- Bien, ya terminamos. Ahora… ¿Qué dices si comenzamos con la partida en el Xbox?
- Claro que sí. Vamos, abajo está todo listo para jugar – dije saliendo de la habitación - ¿Quieres que pidamos algo de comer o algo?
- Em… ¡pizza! – exclamó contento, para luego reírse de su expresión infantil, aunque a mí me parecía bastante tierna - Pizza estaría bien
- Me parece. Ve conectando las cosas y escogiendo un juego mientras yo llamo para que la traigan
Y así fue, me dirigí hasta donde se encontraba el teléfono para llamar a la pizzería. Pedí una gran pizza de pepperoni para guardar un poco a mis padres cuando llegaran de su salida. Luego me dirigí hacia la sala en donde Santiago ya se encontraba configurando todo para jugar, terminé de ayudarle y comenzamos a jugar Mario
No podía creerlo, ya llevábamos 5 partidas y en cada una de ellas Santiago me había ganado. Pensé que era bueno pues con mis primos siempre quedaba de primero pero me equivoqué, no sé qué clase de trucos hacía Santiago para siempre estar en primer lugar
- No se vale, estás haciendo trampa – me crucé de brazos y pausé el juego - ¿Qué clase de trampa estás haciendo? No es normal – lo miré con los ojos entrecerrados
- No hago nada que no sea jugar bien. Ya me voy dando cuenta de lo mal jugador que eres, David – me sacó la lengua y me vio con una sonrisa divertida – acepta que eres malo jugando
- Que no es así – hice un puchero – tu eres el que está haciendo tramp…
No pude terminar de decir aquella oración ya que escuché el timbre por lo que supuse que era la pizza que ya había llegado. Me dirigí a la puerta y efectivamente era el repartidor, le pagué y fui a dejar la pizza en el comedor
- Espérame un momento, voy a servir la pizza y seguimos jugando – dije levantando la voz para que Santiago me escuchara – No vayas a desbloquear el juego y hacer trampa – me reí y me dirigí a la cocina
- No necesito hacer trampa para ganarte, ya eres lo suficientemente malo – oí cómo se carcajeaba desde la sala a lo que yo rodé los ojos. No iba a admitir que él era buenísimo en el Mario
Terminé de servir los trozos de pizza y llevé los refrescos. Le dimos continuar al juego y luego de una media hora de juego me rendí, era imposible ganarle, no sé qué hacía. Pausamos el juego y seguimos comiendo nuestra pizza mientras hablábamos un poco de todo y nos reíamos recordando lo divertido que había sido aquel sábado en el parque de atracciones. De pronto, en medio de la conversación, sentí cómo Santiago se me quedaba viendo directamente a los ojos para luego, sin decir nada, poco a poco se fue acercando a mí. Mi pulso comenzó a acelerarse y sentía el calor subir a mis mejillas, su rostro estaba solo a unos pocos centímetros del mío y aún sin decir nada me sonrió y con su dedo limpió algo que estaba cerca de mi boca
- Tenias un poco de salsa en tu cara – se rió mientras tomaba un poco de la salsa que me limpió
- Gra… gracias – dije apenado ya que aún se encontraba demasiado cerca de mi rostro
- No hay de qué – me miró nuevamente - ¿sabes? Sí que tenía razón en que ese gorrito te quedaba mucho mejor a ti – me estaba perdiendo en aquel mar de sus ojos, era demasiado guapo
- Y… yo… gra… - No pude terminar de agradecerle cuando de pronto sentí sus labios sobre los míos. Eran muy cálidos y suaves, podía sentir como mi pulso aumentó al mil y no podía creer que esto estuviera pasando. Me quedé estático por un momento, era mucha la sorpresa que sentía en esos momentos hasta que reaccioné y continué el beso. Era delicado y muy tierno, estaba loco por este chico
- L… lo siento, no podía resistir más. No sabes hace cuánto quería hacer esto pero no estaba seguro si te gustaban los chicos. Entiendo perfectamente si no quieres volver a hablarm… - Lo callé con un gran y dulce beso, quería demostrarle que yo sentía lo mismo y que hace mucho tiempo quería besarlo.
De pronto, escuché cómo abrieron la puerta por lo que rápidamente me separé de Santiago y me quedé sentado en el sofá con una cara tan roja como el pepperoni que había en la pizza. ¡Dios!, espero no hayan alcanzado a ver, pensé. Mis padres ingresaron a la sala y nos sonrieron al vernos “comiendo pizza”
- Hola hijo ¿Qué tal todo? – dijo mi madre – tú debes ser el amigo de David. Mucho gusto – Sonrió mi madre mientras le brindaba la mano a Santiago
Santiago que estaba al lado mío con las mejillas también sonrojadas y con los nervios a flor de piel, extendió su mano y la estrechó con la de mi mamá
- El gusto es mío, señora. Me llamo Santiago, es un placer – era demasiado tierno ver cómo Santiago se sentía intimidado, me reí internamente – mucho gusto, señor – dijo Santiago ahora estrechando la mano de mi padre
- Un gusto, chico. Nos alegra que David haga nuevos amigos – sonrió mi padre
Luego de eso comenzamos a hablar un poco del colegio y sobre la vida de Santiago ya que mis padres comenzaron a preguntar un poco de eso para conocerlo mejor. Ya se estaba haciendo algo tarde por lo que Santiago comentó que debía irse ya a casa
- Fue un placer conocerlos – les dijo a mis padres – adiós, David – me dijo con una sonrisa
- Santiago, ¿no quieres que te acompañemos a casa? Ya está algo tarde – preguntó mi padre
- No señor, no será necesario, muchas gracias. Vivo solamente a un par de casas de aquí´
- Oh, excelente. Espero entonces volverte a ver por aquí, Santi – dijo mi madre alegre, al parecer le había caído muy bien
- Muchas gracias, así será. Hasta luego – dijo despidiéndose con una mano
- Lo acompañaré a la puerta – comenté a mis padres a lo que ellos asintieron – les guardé algo de pizza, está en la cocina – terminé de decir para luego dirigirme con Santiago a la puerta
Una vez en la puerta, solamente éramos iluminados por una bombilla que había en la entrada. Santiago se veía tan apuesto, espero poder invitarlo mucho más seguido, es divertido pasar tiempo con él
- Bueno… Yo iré ya a mi casa, mi padre ya estará esperándome – dijo Santiago mientras me veía a la cara – nos vemos entonces el lunes
- Así es – dije mientras veía como Santiago jugaba con sus dedos como algo nervioso – nos vemos el lunes
Santiago volteó a mirar a todos lados y una vez se percató de que nadie nos estuviera viendo, se acercó rápidamente a mí, tomó mis mejillas con sus manos y acercó nuestros rostros para fundirnos así en un tierno pero fugaz beso
- Creo que tenemos que hablar bien de todo esto – se rio mientras volvía a su posición – pero no podía irme sin antes darte un beso. Ahora sí, nos vemos – me sonrió por última vez y se dirigió a su casa. Antes de abrir su puerta y adentrarse, extendió su mano y se despidió. Yo hice lo mismo y ambos entramos a nuestra casa
No podía creer todo lo que había pasado. Estaba realmente feliz, Santiago me había besado… ¡Santiago me había besado! No podía creerlo aún. Fue tan cálido sentirlo cerca y sentir sus labios sobre los míos, debo admitir que nunca antes había besado a alguien por lo que la primera vez que me besó intenté hacerlo muy bien. Me encantaba sentir este calorcito en el pecho que me producía Santiago. Sin más y con una gran sonrisa en el rostro, me fui a mi cuarto para dormir recordando el día tan increíble que había pasado junto a él.
Santiago:
Había pasado una tarde increíble junto a David. No podía creer que había sacado la valentía de darle un beso, la verdad tenía miedo que al demostrar que me gustaba él no correspondiera mis sentimientos y terminara huyendo o alejándose de mí, pero no fue así. Fue todo lo contrario, creo que también le gusto y no puedo estar más feliz por eso. Tengo ansias de poder volver a ver el lunes y concretar nuestros sentimientos por el otro. Por otra parte, casi me muero cuando llegaron sus padres y traté de no demostrar los nervios que sentía al presentarme con ellos. Creo que todo salió bien pues me sonreían y hasta me invitaron. Sin duda David tiene una familia muy bonita, en cambio yo… Mi padre. Mi padre seguro me matará por llegar tan tarde o tal vez y solo tal vez esté en su oficina aún
Regresé a la realidad pues estaba algo en las nubes luego de aquel beso con David, abrí la puerta de mi casa e ingresé tratando de no hacer ruido por si mi papá no estaba en la casa. Entré y no veía a nadie, seguramente estaba en su oficina. Seguí caminando y pasé por la sala en donde estaba prendida la luz de la lámpara mientras mi padre tomaba de una botella de alcohol… genial, estaba borracho. Esto solo iba a significar una cosa… violencia
-¿qué carajos hacías tan tarde en la calle? – preguntó mi padre mientras se levantaba de su asiento pero se tambaleaba un poco gracias a los efectos del alcohol
- E… estaba donde un amigo haciendo un trabajo para esta semana, papá – dije algo intimidado pues poco a poco se acercaba a mí por lo que yo solo podía retroceder
- Mira, chico. A mi no me verás la cara de imbécil y me dices ahora mismo lo que estabas haciendo – me agarró de la muñeca mientras hacía mucha presión en ella – Con qué clase de gente te estabas metiendo. Te he dicho que en esta ciudad hay gente mala y muchas de ellas buscan traer al vicio a muchachos como tú – su expresión era de ira y cada vez hacía más presión
- Papá, te digo la verdad. Estaba haciendo un proyecto para el colegio – dije con completo miedo en los ojos. Odiaba que tomara pues siempre terminaba golpeándome o rompiendo algo – por favor suéltame, me estás lastimando la muñeca
- Que sea la última vez que llegas así de tarde, imbécil – dijo soltándome y sentándose nuevamente en el sofá para seguir bebiendo
Yo sin una palabra que decir, fui corriendo hasta mi cuarto. Que mala forma de arruinar un día que había sido perfecto, él es un monstruo desde la muerte de mi madre y cuando toma se coloca peor, es irreconocible. Llegué por fin a mi cuarto y vi que Max estaba debajo de mi cama, seguramente por miedo a mi padre
- Hey, ven aquí, amigo. Ya pasó lo feo, ya estoy aquí contigo – dije mientras veía cómo Max salía debajo de mi cama y se acercaba a mí para que lo acariciara – perdón haberte dejado solo con ese monstruo, seguramente te asustó mucho. Pero ya estoy aquí
Me recosté junto a él y decidí dormir para evitar pensar más en lo difícil y violenta que se había vuelto mi vida junto a mi padre. Con pequeñas lágrimas en los ojos, poco a poco, fui quedándome dormido.