Capítulo 9 — Él no está.

1578 Palabras
Durante el trayecto a la escuela estuve hablando con los chicos pero yo era la última a la que llevaban así que pronto me quedé sola con Rakish. Dentro de mi cabeza me preguntaba si estaba haciendo bien alejándome de él. No he vuelto a saber de esa chica pero eso no quiere decir que ella no esté con él. —Llegamos pequeña, te guiaré. Nerviosa y tratando de esquivarlo traté de negarme. —Ya tengo un guía, no tienes que preocuparte —murmuré yo abriendo la puerta pero él no me escuchó. Rápidamente se dio la vuelta y para cuando yo quise salir, él estaba esperándome. —Quiero conocer tu escuela, toma mi brazo. Yo te guío. A regañadientes me erguí antes de entrelazar su brazo con el mío. Un temblor conocido se apoderó de mí y el acostumbrado nerviosismo por su cercanía también lo hizo. Había algo dentro de mí que me hacía querer estar cerca de él con una magnitud impresionante y que a la vez me desconcertaba. —Buenos días señorita Breisacher. Buenos días ¿Señor? —Vasconcellos, hoy yo seré su guía, no se preocupe —casi gruñó Rakish dejándome atontada. Tanto que ni siquiera fui capaz de saludar a mi guía. —Eso fue un poco grosero Rakish, ¿Por qué lo hiciste? —mascullé cuando supe que nos habíamos alejado. —No estaba siendo grosero. —Si lo estabas. Yo entorné los ojos después de bufar mientras que Rakish comenzaba a describirme el lugar. A decir verdad esto era algo que siempre me había gustado de él, mi guía me decía a dónde tenía que ir pero no "me mostraba" los lugares como Rakish. —Y hay una fuente muy grande frente a tu salón de clases —añadió cerca de mi oído. Mi cuerpo se estremeció involuntariamente haciendo que mordiera mi labio inferior por lo nerviosa que estaba con su cercanía. Y su olor fue un recordatorio constante de lo mucho que me gustaba aunque tratara de negarmelo a mí misma. —Yo... te agradezco por esto Rakish —murmuré soltándome de su agarre. —Vendré por ti más tarde, pequeña. Una vez más él se acercó para dejar un beso en mi frente. Mis fosas nasales volvieron a llenarse de ese delicioso aroma ya conocido, y adictivo, para mí. Pronto lo sentí irse y tuve que volver a mi realidad. Me gustó las clases que nos habían dado en especial la de creación de audiolibros. Para mañana haremos una especie de borrador y estoy algo nerviosa. —Entonces ¿Te estás adaptado, señorita Breisacher? Yo asentí con una sonrisa en los labios. La verdad era que me gustaba mucho la escuela. Nunca me había sentido tan a gusto y ahora estoy rodeada de gente como yo. —La verdad es que sí. Y me has servido de mucha ayuda, creo que ya me estoy adaptando y pronto no requeriré tu guía. —Eso es satisfactorio en algunas ocasiones pero en esta ocasión quisiera conocerte un poco mejor. Por un momento quedé perpleja no solo por sus palabras sino porque colocó una rosa en mis manos con suavidad. —Yo no sé qué decir... —No digas nada, no ahora. Déjame hablar a mí ¿Sí? Nunca he visto a una chica tan bella como tú. Eres preciosa y... Antes de que terminara de hablar un carraspeo nos interrumpió. —Buenas tardes, hora de irnos Piper. Esa voz era muy parecida a la de mi padre sin embargo tenía un matiz diferente. —¡Abuelo! Me lancé a abrazarlo sin pensar y escuché detrás de mí a la voz confundida de mi guía. —¿Abuelo? Ups. No era creíble tener un abuelo que parecía ser mi hermano mayor. Mi abuelo me abrazó suavemente como si fuera a herirme de alguna manera. Lo había echado de menos. Había estado un tiempo de viaje. —Este es mi... tío, bromeo con él llamándolo abuelo —le aclaré para no levantar sospechas. Y ambos se presentaron pero mi abuelo nunca había hablado a nadie con tanta indiferencia, lo cual me sorprendió. Él siempre era tan educado. —Vámonos ya, cariño. —Adiós —me despedí tomando el brazo de mi abuelo. —¿Acabas de llegar? Te extrañé mucho. —Yo también te extrañé cariño, te he traído un regalo. Está en casa. Me subí en su auto y mi abuelo comenzó a conducir. Me acordé de la rosa que tenía en mi mano y la coloqué en mi regazo sintiendo que mis mejillas se sonrojaran. Nadie me había dado una rosa antes, aunque sonara muy cliché. Pero eso me hace sentir... especial de algún modo. —Estoy feliz de saber que estás en una escuela. Lo que no me gusta es ese tipo —gruñó mi abuelo. Se había tardado mucho. Todos los hombres de mi familia son algo posesivos y protectores. –Abu, esto solo fue un regalo. Eso es todo. –¿Eso es todo? No sonaba así cuando me acerqué. –Son imaginaciones tuyas. Él iba a decir algo más pero no lo dejé cambiando el tema de inmediato durante todo el trayecto, solo esperaba que no le dijera nada a mi padre. –No es que me esté quejando pero ¿Dónde está Rakish? Él me dijo que pasaría a buscarme. Sentí la mirada fija de mi abuelo y una vez más sentí como mis mejillas comenzaban a colorearse. —Rakish está en una misión a la que tu padre lo envió. Su respuesta enseguida me hizo tensar. Mi padre no hubiera enviado a Rakish si no fuera realmente importante. ¿A dónde habría ido? No quise preguntarle a mi abuelo en voz alta pero lo cierto es que me estaba preocupado por él. Al llegar a casa no estaba tampoco mi padre así que no dije nada sobre la decisión que había tomado. Además, tampoco lo diría sin Rakish aquí. * Tres días habían trascurrido desde que Rakish se fue. Mi padre llegó al segundo pero no entró en detalles sobre la misión, aseguró que Rakish estaría bien pero yo tenía demasiado miedo como para creerle. Más tarde descubrí que mi intuición no se equivocaba. —Rakish está muy mal Acheron. El bastardo lo torturó con plata. Había captado su aroma mezclado con el de sangre y tras escuchar sin querer a Kaden mi pulso se disparó. Corrí como una desquiciada en dirección al olor de Kish sin pararme a pensar nada. Él me necesitaba. —¡Piper, cuidado! —rugió mi padre detrás de mí sin embargo conociendo bien mi casa esquivé con facilidad el muro frente a mí aunque me golpeé ligeramente el hombro y seguí corriendo hasta la habitación donde estaba Rakish y enseguida abrí la puerta de golpe. Ese fue un gran error. —No te muevas Rakish, voy a curarte —gruñó una chica. Esta vez me sentí insegura. Ingenua. ¿Por qué pensé en un momento que él estaría solo? Y peor... que me necesitaba. —Piper. Esta a punto de irme para dejarlos a solas sintiendo que mi corazón se quebraba pero él me nombró y me detuve abruptamente. Tenía que actuar normal ¿No? —Rakish ¿Qué te pasó? —susurré aún preocupada por él. Me acerqué con timidez, sin embargo, me tropecé con la cama desconocida. Realmente no conocía esta habitación, ni siquiera sabía de quien era. —¡Piper! —Oh chica, ten cuidado —murmuró esa mujer ayudándome a levantar y yo sentí un sonrojo apoderarse de mi cara. Había hecho el ridículo. —¿Estás bien? —me preguntó Rakish con preocupación marcada como si no fuese él quien estaba herido por plata. Ya la chica me había soltado pero sentí la presencia de Rakish cerca de mí antes de que cubriera con sus manos mi cara. —Siento que vinieras aquí, ¿Te lastimaste? Mi corazón comenzó a latir con rapidez poniéndome nerviosa, olvidándome de la presencia de la mujer cerca de nosotros. La cercanía de Rakish y su aroma masculino estaban llamándome de una manera inentendible. —Yo... no. —¡Piper, no vuelvas a hacer eso otra vez! El rugido de Alfa de mi padre se escuchó por toda la habitación y estuve a punto de caer de rodillas avergonzada. Kish me soltó pero siguió frente a mí. —Lo siento, pero tenía que asegurarme de que Rakish estuviera bien. Por un momento hubo silencio en la habitación. Un silencio incómodo. —Son unos cabezotas los dos. Rakish estará bien en tanto permanezca en la cama. Y tú, señorita. Vete a tu habitación. Sabía que no podía negarme. Mi padre estaba enojado así que antes de que hiciera que me fuera volví mi atención a Rakish. —¿Tú estás bien? Me preocupé mucho. —Estoy bien, no tienes que preocuparte por mí pequeña. Valeria me ayudará a curarme, para mañana estaré bien. Lo prometo —susurró él de manera cómplice. Obviamente no podía verlo pero podía sentir la sonrisa en su voz. Sin embargo, yo no podía estar más tensa con tan solo la mención de esa chica. Sí. Eso confirmaba que en definitiva él no me necesitaba y eso dolía. —Espero que así sea —fue lo único que le dije antes de escabullirme a mi habitación y silenciar mis lloriqueos sin sentido sabiendo que Rakish Vasconcellos nunca iba a ser mío. Debería estar acostumbrada. ¿No?
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