Hailey. Desperté en un auto en movimiento. Alfred estaba oficialmente loco. Ni mis manos ni mis pies estaban atados, no tenía una mordaza en la boca, tampoco tenía los ojos vendados, pero supongo que lo que Alfred estaba haciendo se conoce comúnmente como secuestro. Vi su cabello pelirojo sobresalir del asiento del piloto acompañado de otro chico. Fingí seguir inconsciente para poder escuchar lo que ellos hablaban. —Eres todo un campeón —le dijo el chico a Alfred—, es decir, sólo mírate, eres famoso, tienes una banda que vende muy bien, las chicas se vuelven locas de solo escuchar tu nombre, tienes a una de las modelos más famosas a tus pies, y estás bañado en dinero. Vives como un rey. Alfred sonrió egocéntricamente sin apartar sus ojos azules del camino. —Todo a base de respeto —res

