45 Slim se sentía demasiado nervioso como para volver a la casa abandonada, así que regresó al puerto y tomó un ferry a Dartmouth. Su cabeza daba vueltas a muchas ideas, pocas de las cuales tenían sentido. Prostitutas muertas hace mucho tiempo, niños con aletas, mujeres ahogadas en el lodo del río… todo eso bastaba para quitarle el sueño durante los próximos dos años. Tras bajar del ferry y vagar por los callejones alejados de la orilla de Dartmouth, sintió que se cerraba una oscuridad mayor que la noche que caía a su alrededor. Su tos había desaparecido durante la mayor parte del día, tal vez los antibióticos por fin hacían efecto, pero había vuelto una vieja angustia, la necesidad de ahogarse, de dar un portazo a los horrores del mundo y aceptar una caída de la que podría no retornar n

