34 El paso del tiempo, el mal humor y la peor salud bastaron para dejar a Slim con dudas sobre todos los aspectos de lo que pensaba haber visto. Podría no haber visto nada en absoluto. O podría haber visto la ágil figura de una mujer joven saltando desde el puente en ruinas, tan desnuda como el día en que nació. La racionalidad se impuso a su miedo. Cualquier cosa que pudiera haber sido, se había ido y era improbable que volviera. Aun así, Slim, obligado a quedarse en la casa abandonada por la vuelta de la lluvia y la falta de alternativas, no se atrevía a quedarse dormido. Agazapado en un hueco debajo de los restos de la escalera interior, trataba de recuperar recuerdos de sus largas noches de patrulla durante la primera guerra del Golfo, tratando de estar alerta ante el más leve sonid

