•HAY HERIDAS QUE EN VEZ DE ABRIRNOS LA PIEL, NOS ABREN LOS OJOS• STEPHEN El agua fría empapó mi cuerpo de repente, sacándome bruscamente de mi letargo. Parpadeé, confundido, mientras mi cerebro procesaba lo que estaba sucediendo. Lucka me miraba con una expresión seria, como si estuviera esperando una reacción de mi parte. —¿Qué demonios estás haciendo? —gruñí, sintiendo el agua empapando mis sábanas y mi ropa. —Necesitas levantarte y salir de este estado, Stephen —respondió Lucka con firmeza—. Estás dejando que el alcohol te consuma, y eso no te está llevando a ninguna parte. Me incorporé en la cama, sintiendo la ira burbujeando en mi interior, junto con una punzada en la nuca que me recordaba cuanto alcohol había consumido. ¿Quién se creía Lucka para meterse en mis asuntos de esta

