LEONARDO Mamá, papá y yo habíamos pasado toda la tarde en el hospital. Me sentía desesperado porque el doctor volviera y me dijera algo más sobre Liliana, que me dijera que podía entrar a la habitación a verla, pero no pasaba eso. Estoy ansioso por verla, me duele estar separado de ella, es difícil para mí. Saber que está sola en esa cama de hospital, pensando quién sabe qué. Yo quiero estar junto a ella para darle ánimos, para decirle que nuestro hijo está bien y para que se tranquilice. —Tienes que comer algo —me dice mamá—. Vamos a la cafetería, no has siquiera desayunado y está anocheciendo. Por favor, tienes que estar fuerte para darle fuerzas a Liliana. —Tu madre tiene razón, hijo, tienes que comer algo. Ve con tu madre, yo me quedaré aquí por si el doctor vuelve —sigue mi padre.

