Ofelia salió de la oficina de su madre con mucha más confianza de cuando llegó. Por un momento había llegado a temer que el motivo de la reunión era para hacerla desistir de su deseo de independizarse y de prohibirle el contacto con Luciano. Pero la sorpresa que se había llevado fue grata en más de un sentido. Caminó con prisa hacia el estacionamiento, donde Luciano y su hija esperaban por ella. —Hola —saludó, apenas subió al auto. —Lamento la demora, ¿llevas mucho tiempo esperando? —preguntó, dejando su bolso en el asiento de atrás y extendiendo sus manos hacia su hija para alimentarla. —No, en realidad hemos llegado apenas hace unos minutos. Mamá vino a la oficina y… —¿Tu mamá? —Ofelia sintió su cuerpo temblar, aunque sabía la razón por la cual los padres de Luciano le habían pedido

