Capítulo 7 — Perdón

1140 Palabras
“Sí, mamá, todo está bien aquí, no te preocupes… No, no es necesario que vengas, de verdad, todo está bien… De verdad, mamá, no vengas…” “Si, mamá, te prometo que haré un tiempo para ir a visitarlos, dile a papá que pronto estaré por allá…” Mari colgó el teléfono suspirando pesadamente, cada vez era más difícil inventar excusas para mantener a su familia ajena a sus problemas. La puerta de la biblioteca se abrió y cuando Mari volteó, vio entrar a Daniel, de nuevo, ella volvió a suspirar pesado. — Mari, tenemos que hablar… — Afirmó Daniel, cerrando la puerta tras él, mientras que veía a Mari de espaldas. — Ahora no, Daniel… — Soltó Mari frustrada, cerrando los ojos con fuerzas. — No me respondiste nada a lo que te dije antes… Te pedí perdón, Mari… Te fuiste y me dejaste hablando solo… — Daniel se acercó con cuidado, desde atrás, Mari se volteó con el entrecejo arrugado. — ¿Y qué quieres que te diga, Daniel? ¿Qué ya te perdoné? ¿Qué ya todo está olvidado y está bien? ¿Así de la nada? — Mari se cruzó de brazos. — No, pero… — ¡Me acusaste de infiel, me trataste horrible y luego te fuiste por dos años! ¡Dos años, Daniel! ¡Y luego te apareces aquí como si nada asumiendo que con solo pedir perdón ya todo está olvidado! — Voceo Mari indignada. — Eres mi esposa, Mari… — Asumió Daniel. Como si con esa simple línea o excusa, fuese suficiente para que ella lo perdonara, los ojos de Mari se entrecerraron con rabia y Daniel se dio cuenta de que no estaba bien. — Escucha, Mari… Las cosas entre nosotros se salieron un poco de control, sé que hice mal, sé que me precipite, fui impulsivo, actué sin pensar, pero es que cuando se trata de ti, Mari, sabes como soy, se me nubla la mente y es que te amo demasiado… — Siguió Daniel, con un tono bajo, con dulzura, y Mari apenas pudo ver, lejanamente, aquel hombre del que se enamoró. — ¿Qué fuiste impulsivo? A mí me pareció que tenías todo muy bien planeado cuando decidiste marcharte… — No, no, no, Mari… Me tomé este tiempo para reflexionar… Durante estos dos últimos años, pensé mucho en nosotros, en lo que paso, en lo que dije e hice y me di cuenta de muchas cosas, sé que te acuse sin siquiera tomarme las molestias de investigar, aunque ahora me doy cuenta de que tampoco fue necesario… — Soltó Daniel con un toque de ironía al final, mientras que la miraba con sospecha, seguramente por lo que vio que sucedió esa mañana entre Mari y David. — Pero estoy dispuesto a dejar eso atrás, las fotos, la infidelidad, todo, lo olvidaré y será como si no hubiera sucedido, te lo juro, porque también me di cuenta de cuanto te extrañé, de cuanto te sigo amando… — ¿Qué? — Te extrañe mucho, Mari, estos dos años que estuve lejos, no deje de pensar en ti, en mi amor, en que eres la mujer de mi vida, mi esposa y en lo arrepentido que estoy por como actúe… Quiero recuperarte… Recuperar a mi familia… Si tan solo me dieras la oportunidad… — Daniel tomo la mano de Mari con mucha delicadeza para besarle el dorso. Al tiempo que Mari sintió un escalofrío recorrerla, pues al instante, con el simple contacto de él, ella vio ante sus ojos todos esos malos recuerdos que había dejado atrás. — No… No puedo… — Mari soltó su mano de un jalón, dejando a Daniel con el entrecejo arrugado, ella caminó por la habitación, buscando mantener cierta distancia de él. — ¿Qué? — Daniel la siguió con la mirada, incómodo. — Que no puedo, Daniel… No es así tan simple… Yo… — Mari se abrazó a sí misma, pensativa. — Ya no siento lo mismo por ti, Daniel… — ¿Qué quieres decir, Mari? — Tengo que ser honesta… Después de todo lo que paso entre tú y yo, mi amor por ti no es el mismo, yo… Ya no te amo… — Soltó Mari como si se librara de una carga muy pesada y al instante Daniel se acercó a ella con paso decidido y un gesto ligeramente amenazante, tomándola por un brazo. — Eso no es verdad… — Susurro Daniel en el rostro de ella, su mirada y su voz había cambiado, como si se estuviera comenzando a despertar aquella bestia del pasado que la lastimo. — Es cierto… — Mari levanto el rostro con valentía, aunque por dentro su corazón latía acelerado. — ¿Es por David? ¿Entonces es cierto? ¿Tú y mi hermano tiene algo? — Gruño Daniel con una mirada oscurecida. — La verdad es que… Ahora mismo siento más estima por tu hermano que por ti… — Murmuro Mari en el rostro de Daniel y algo dentro de él se encendió. ¡Cuánta insolencia! Su esposa le estaba restregando a su amante en la cara, su propio hermano. La mano libre de Daniel se cerró hasta formarse un puño, al mismo tiempo, que la otra mano que todavía sostenía a Mari por el brazo la apretaba con más fuerza, ella cerro los ojos, esperando la reacción de él. Después de todo lo que sufrió con Daniel, había sido muy arriesgado decir todo eso, sin embargo, era cierto, era la verdad y con estas palabras, Mari esperaba que Daniel se diera por vencido y se marchara. De pronto, Daniel la soltó de un tirón y con un gruñido él se alejó, caminando hacia un ventanal mientras respiraba profundo, como si estuviera intentando controlarse. — No… — Voceo Daniel todavía mirando hacia el ventanal. — No lo acepto, tú eres mi esposa, Mari… Eres mía… Y no pienso dejarte… — ¿Qué? — Mari lo observo, extrañada por su repentino cambio de actitud. — Vas a volver conmigo, vas a aceptarme y estaremos juntos hasta que la muerte nos separe, como lo prometimos, o si no… — ¿O si no qué? ¿Por qué no aceptas, Daniel, que todo se acabó? Firmemos el divorcio y llevemos una relación de cordialidad por nuestros hijos… — Insistió Mari, decidida. — No puedo, yo aún te amo, Mari y quiero pasar el resto de mi vida contigo… Haré todo lo que sea necesario hasta que vuelvas conmigo... — Daniel se giró y entonces Mari pudo verlos, sus ojos enrojecidos mostraban un dolor profundo contenido. — Esto no es un juego para mí y más te vale que te lo tomes en serio… Piénsalo bien antes de tomar una decisión. Daniel salió de la habitación con paso apresurado, dejando a Mari con un mal sabor y el corazón agrietado.
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