Capítulo 36. La paga de la maldad es el infierno.

1834 Palabras

El rostro del hombre palideció, se aferró a la silla como si estuviera anclándose a un salvavidas. —No puedes entrar de esa manera a mi oficina, debes salir de aquí. Llamaré a seguridad para que te saquen —. Levantó el teléfono para marcarle a seguridad. —Me parece buena idea Simón, así me evitas a mí el trabajo de tener que llamarlos, aunque ya vienen los míos —ante sus palabras el hombre detuvo su mano— ¡Vamos! ¡No te detengas! Hazlo Por cierto, tienes diez minutos para recoger tus cosas, si no lo haces en quince minutos estará entrando la fuerza pública, para que dejes las instalaciones de mi empresa. —Esta no es tu empresa, ¡Es mía! Es producto del esfuerzo de Los Ferrer, el trabajo de toda una vida, ¿Cómo te atreves a despojarnos de lo nuestro? ¿Cómo puedes ser tan insensible? —int

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