Capítulo 3

1466 Palabras
—¡Sigo diciendo que nuestro padre se ha vuelto loco! —ruedo los ojos. Apenas llegué tuve que contarle todo a Violet. Lo descubriría tarde o temprano y era mejor que se lo dijera, de paso necesitaba una cómplice que me ayudara con el disfraz, ¿quién mejor que mi hermana? A la que le encantaba maquillar todo lo que tuviera por el frente. —¡Violet mejor cierra el pico y ayúdame a terminar de arreglarme!—le reclamo irritada por sus constantes quejas. —¡Pero esto es serio Naerys! Tú en un club lleno de hombres no es la idea más sensata, si te descubren estarás pérdida. —Nadie lo hará, eso espero... ahora aprieta un poco más la tela, no quiero que se noten mis pechos. —¿Pero qué pechos? Si ni busto tienes. —la miro de manera fulminante. —¡Cállate, tengo más pecho que tú! Además es por si a las moscas alguno toca sin querer. —Violet ajusta más la tela alrededor de mis prácticamente inexistentes senos. —No creo que te descubran por esa área, te lo aseguro. —me visto con un traje que me compró mi padre que fue hecho a la medida. Violet recoge todo mi cabello y me coloca un peluquín de cabello n***o. —¡Bien! ¿Cómo me veo? ¿Parezco un buenmozo caballero? —pregunto con mi voz de hombre. —¿Te digo la verdad? —asiento —No pasas ni siquiera por un adolescente precoz. ¡Dios, Naerys! Tu voz de hombre es pésima y ridícula, tu postura demasiado femenina y tus rasgos aunque no son precisamente bien definidos igualmente se notan femeninos, no engañarás a nadie. Le lanzo una almohada al rostro para que se calle. —¡Ayúdame Violet! De verdad quiero ir a practicar al club. —De acuerdo, solo porque quiero que me cuentes con pelos y señales de todos los hombres guapos y ricos que asistan a ese lugar. —Te prometo buscaré a mi futuro cuñado, será rico y muy guapo. —digo con una sonrisa. —Más te vale. Empecemos, en primera no hagas esa ridícula voz de hombre, se más natural pero sin revelar tu identidad, intenta otra vez di: "Buenas tardes Señorita". —Hummm —me aclaro la garganta —¡Buenas tardes señorita! —¡Eso estuvo horrible! Eres un caballero no un perro gruñidor, otra vez, aclara bien esa garganta y no pongas la voz tan ronca. —¿Bu-u-uenas t-ardes Señoritas? —Intermedio, por lo menos suenas a un adolescente entrando a la pubertad con eso bastara y por tu tamaño de enano. —¡No soy tan enana! —Para los hombres serás un enano, así que escucha; solo no hables demasiado y contesta con monosílabos, trata de caminar como un hombre, seguro, confiado... —Puedo hacerlo, he visto el caminar de muchos hombres. —Una cosas es verlo y otra hacerlo. Hay que apurarnos, no queda mucho tiempo aunque debo decirte que ese bigote falso está espectacular para darle autenticidad a tu actuación. —me cubro mi labio superior. —¡No tengo un bigote falso! —¿Ah, no? Pues te sugiero que te afeites hermana... Después de media hora por fin salgo de la casa del conde de York sin ser vista y tomo un carruaje que me lleva al club deportivo. En un bolso llevo mi uniforme de esgrima y la espada. Estoy demasiado nerviosa, el carruaje al fin se detiene. “Bien, hora de la verdad. Veamos si el disfraz funcionó”.  Me bajo del carruaje y entro al club; los caballeros pasan de mí como si no existiera y eso es bueno, así no levanto sospecha. Me acerco al encargado del club, momento de probar mi voz de macho viril. —Disculpe milord, yo soy Nariel McAdams —digo forzando mi voz a que suena ronca y el encargado me mira de arriba abajo. —Un gusto conocerlo muchacho, su padre dijo que vendría a practicar hoy, no esperaba que fuera tan joven pero bueno usted es libre de recorrer las instalaciones del club y practicar en el salón que desee. —Gracias milord—respondo y me alejo lo más rápido posible.  “¡Sí! Pase desapercibida y ahora podía entrenar”. Busco entre los salones, casi todos están ocupados. Abro la puerta del siguiente y me encuentro a un muchacho practicando solo y… ¡que mal lo hace! Su postura no es la correcta, sus ataques para nada precisos; es un completo principiante, yo al menos tuve tres años de entrenamiento en Escocia.  Mientras Violet bordaba chismeaba o salía de fiesta, yo practicaba día y noche hasta quedar exhausta con mi espada y se convirtió en mi modo de vida. —Tu guardia es pésima y tus ataques dan lástima —digo en voz alta y el muchacho me mira. —¡¿Y tú qué sabes?! De seguro eres peor que yo. —sonrío, él está usando un florete así que no sería justo que yo use mi espada. Veo otro florete en el suelo, dejo mis cosas a un lado y lo tomo del piso. —Pues, probemos. —digo segura, separo mis pies y me pongo en guardia. El muchacho se pone su casco de protección —Veamos qué tan malo eres. Él me ataca y yo lo esquivo, giro y la punta de mi florete toca su espalda. —Mal, muy mal —digo con una sonrisa —¡Tu espalda esta curvada! Él vuelve atacarme y su florete choca con el mío. —Que predecible, más que todo manipulable. Escucha muchacho nunca te dejes llevar por la rabia porque...—lo empujo desestabilizando su cuerpo, él cae al piso y con el florete toco su pecho —Porque te cuesta la derrota en un duelo. Bajo mi florete y le ofrezco mi mano para que se levante. —¡No necesito tu ayuda!—exclama brusco y aparta mi mano. —Que mal perdedor—digo con una sonrisa —Me llamo Nariel McAdams. El muchacho se levanta, no es tan alto diría que me lleva como unos pocos centímetros.  — Yo soy William Gilson. Eres bastante bueno para ser tan joven y delgado ¿qué acaso no comes? —me rio, si supiera que soy capaz de comerme una montaña entera de pan y carnes frías. —Creo que nos llevaremos de maravilla lord Gilson. ¿Lleva mucho tiempo en este club? —pregunto interesada. —Cinco meses. —¡Cinco meses y aún eres un principiante!— él se sonroja y baja la mirada. —No venía muy seguido y no me llevo muy bien con algunos caballeros del club. —responde avergonzado. —¿Cuánto años tienes? —Diecisiete. — Yo tengo dieciséis, Lord Gilson desde hoy seré tu entrenador y amigo. —le extiendo mi mano —Por favor, no me dejes plantado otra vez. Él acepta y estrechamos nuestras manos. William me da un recorrido por las instalaciones del club, mientras él me señala cada salón y cuarto la presencia de un hombre hace que me paralice. Su gran altura es difícil pasarla desapercibida, piernas musculosas, hombros anchos, brazos impresionantemente fuertes, se me seca la garganta cuando pasa a mi lado y me clava esa fría mirada encima. ¿Acaso... ¡Esos ojos son de color violeta! Nunca vi a nadie con ese color tan poco peculiar, son tan bellos casi hipnóticos. Él pasa de mí y se aleja. —¿Nariel estas bien?—pregunta William, sacándome de mi trance. —¿Quién era él? —pregunté embobada viendo al rubio entrar a uno de los salones desocupados. —Es Caín Black, no tiene un título aristócrata pero se hizo rico gracias a su astuta mente en los negocios e inversiones, no te recomiendo acercarte a él. —¿Por qué? —Es un hombre cruel, silencioso y los rumores dicen que está metido en negocios sucios con contrabandistas y mercenarios. —miro a William con una ceja arqueada. —¿Te dejas llevar por los rumores? Muchos de ellos son falsos y exagerados William. —¡Y otras veces hay verdad en ellos! —ruedo los ojos. —Tendré que enseñarte a no juzgar un libro por su portada William. —le digo con una sonrisa. El día termina y es hora de regresar a la mansión del conde. En un callejón lejos de la vista de todos me cambio el disfraz, vuelvo otra vez a ser Naerys y Nariel desaparece hasta mañana. Al llegar a la mansión del conde York, me encuentro a los lacayos subiendo mis cosas y la de mis padres aun carruaje. ¿Pero qué paso? ¿Acaso el conde se enojó y nos hecho de su casa? Corro adentro y me encuentro a mis padres despidiéndose del conde. —¿Padre qué pasa? ¡¿Por qué sacan nuestro equipaje?! —pregunto con el ceño fruncido. —Hija compré una casa cerca de aquí para nosotros, no me parece que debamos abusar de la amabilidad del conde. —responde mi padre. —Ustedes no abusaron aunque su estadía fue muy corta, no duden que iré a visitarlos McAdams. —dice el conde con una gran sonrisa. —Con gusto lo recibiré, conde de York—solo pasamos en esta bella casa una noche, yo quería explorarla. Pero viéndole el lado positivo tendré mi propio espacio y no tendré que compartir con Violet.  ¡Si! Eso sí que es una gran noticia. Cuando por fin llegamos a nuestra nueva residencia, no es tan grande ni espectacular como la del conde pero tiene lo primordial. Es sencilla y muy bonita, dos plantas, su sala de estar, cocina, comedor y la planta superior cuenta con cinco habitaciones cada una con su propio cuarto de baño.   Esta casa me encanta y creo que el tiempo que estemos en Londres la pasaré muy bien. Sobre todo con el imponente rubio de ojos violetas cerca, estaré más que feliz.
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