En ese instante, amó sin titubeos a ese hombre que la apretaba tan cálidamente a su cuerpo. Una sonrisa iluminada se le escapó de los labios, y una tranquilidad interior le devolvía ese aire que tanto necesita. Tal vez, Adam era quien podía contagiarle un poco de felicidad. Annie quería vivir feliz y esa felicidad era él. Pone sus manos arriba de las suyas, se voltea para verlo sin separarse de su cuerpo y lo mira. Se miran sin decirse nada por unos minutos, la seriedad en el rostro de Adam era muy habitual y ella sólo no se dejó intimidar por ese gesto. -¿Hola? —Le susurra. El gesto de él se relaja completamente —Hola —le dice acercándose. Se fueron mirando de a poco, le regalo una de sus mejores sonrisas y ella se estaba comenzando a poner nerviosa. Quería que ese momento

