Ya había pasado una semana desde que ni sé miraban como antes, estaba lleno de trabajo sin ganas de retomar algo y eso le daba bronca porque los ninguno de los dos iba aflojar. La puerta de la oficina estaba entreabierta, Adam firma un par de papeles y se detiene a observarla. Podía notar unas pequeñas ojeras bajo los ojos, sus labios secos y sin ánimos. —¿Hasta cuándo vas a querer mostrarte fuerte, Annie? —Susurra furioso sin dejar de mirarla. Notaba que no estaba bien y eso lo enojaba mucho, debería estar sonriente, alegre y no así de triste. De repente, corre su asiento hacia atrás se levanta y camina hacia la puerta. Sin emitir palabra alguna, cuando noto que lo miraba levantó su mano y le hizo una seña para que se acerque. No pudo negarse —¿Me necesita, señor? —Pregunta. Cami

