Pudo darse cuenta que más se convenció que la amaba. Sentía ese amor que hacía tiempo su corazón había olvidado, quizás, era hora de dar ese paso y de dejar atrás los miedos. La quedó mirando mientras seguía profundamente dormida, le acarició el rostro lentamente y sonría, tenía una estúpida sonrisa sin que hiciera nada. Se levanta de la cama dirigiéndose al baño, cepilla sus dientes y lava su cara. Con sumo cuidado sale de la habitación, comienza a preparar un poco de jugo, unas tostadas, saca de la heladera un dulce y sirve el café que había puesto hacer. Por primera vez, pone una mesa para dos personas y tener que compartir el desayuno con alguien. Adam era de esos tipos que había tenido sus enredos amorosos pero aun así jamás dejo que ninguna mujer conociera su casa y mucho menos

