Clary. Duele. Duele mucho. Duele tanto que debo apoyar mis manos en mi pecho para de alguna forma detener esta presión, una que no permite que mis lagrimas paren en ningún segundo. Por alguna razón, el temblor que todo mi cuerpo presentaba se ha ido, aquel que no dejaba ni mis labios ha desaparecido, como si al saber que mis peores pensamientos han sido cumplidos, no le queda espacio a los nervios ante una situacion que no tiene reversa. Ellos están muertos, los únicos amigos que en verdad hice han muerto. No me queda casi nada. Solo puedo agradecer que la señora Rosa siga con vida, ella es la unica sobreviviente que fue mi apoyo en cada momento de tortura, los demás han desaparecido como una ráfaga de viento, se han ido por voluntad propia, o he traído la muerte hasta su puerta. P

