–Bueno, creo que ya has pasado tus primeros dieciocho años a su lado y no veo nada de extraño en que quieras seguir haciéndolo en todos los que te quedan. –Pero quiero decir… como si ella fuera mi novia… mi esposa… –Bueno… –Dochi mostró una mirada perdida antes de continuar– Por mí no hay problema, lo que pasa es que no sé si mis padres lo aprobarían, las gentes del pueblo… o los sacerdotes. –Eso era lo que pensaba… –Estefanía arrugó los labios. –Pero supongo que podría haber otras salidas… –dijo Dochi mientras abría los ojos y sonreía. –Pero ¿cuáles? –Que lo mantengan en secreto o que se vayan a vivir a otra parte. –Si quiero que sea mi esposa, no lo podríamos mantener en secreto toda la vida –alegó Estefanía observando cómo su hermano volvía a concentrar su mirada sobre sus seno

