Narrador. Ayalen estaba agobiada de tanto ponerse una ropa y otra, fruncía los labios por cada nuevo vestido que le mostraban y ese gesto que hacía no era porque le desagradan; por el contrario, cada prenda está magníficamente elaborada. Su aflicción es porque en ese lugar había de todo, menos prendas de su talla y se las probaba por cumplir con los caprichos de Atzamara. —Entraré a probarme esto y nos iremos— le mostró el vestido amarillo entre sus manos. — Te advierto que igual me queda grande. Atzamara aceptó su condición y cuando la vio alejarse hacia los vestidores miró a su amiga Lucema. —¿Por qué no creas ropa de tallas pequeñas? — le reclamó sintiéndose apenada con Ayalen. —Atzamara, ¿pero a quién se suponía que se la podría vender? — simplificó la loba alzando ambos hombros.

