—Recuérdame agradecer personalmente a Grady. —Le hice galletas. Estamos en paz —se rió mientras Olivier lanzaba sus calzoncillos al otro lado de la habitación, la dura longitud de su m*****o semi-erecto presionado contra su vientre. —¿Podemos hablar de algo que no sea Grady? Me está secando. Rió en voz alta ante su comentario. —¿De verdad? —¿Podrías pensar en tus hermanas durante el sexo? Su estremecimiento le dijo lo que necesitaba saber. Envolvió sus brazos alrededor de su cuello y lo atrajo hacia ella. —Olivier, te deseo. Estaría mintiendo si dijera que no. Terminé de hablar. Terminé de fingir que ya no siento atracción por ti después de todo este tiempo. ¿Por favor? Sus labios la reclamaron ávidamente, su lengua inmediatamente adentrándose en su boca, entrelazándose con la

