Cuando Emma y Roland salen de casa, Cristian se pone manos a la obra; llama a su mujer por teléfono, y comienza a hablar con ella. —Hola, cariño. —Hola amor. ¿Cómo estás? —responde ella. —Bien cielo. Ya tengo al chico, estoy pensando en llamar al juez que le sentenció —comenta Cristian. —¿Para qué quieres hablar con él? —pregunta su mujer. Recapacitando las palabras, pero pensando en el chico, responde: —Tienes razón, pondrán a Kevin en busca y captura, no quiero que este muchacho tenga más problemas. —Ya sabías que esto era lo que iba a pasar. Te conseguí pasaportes con otras identidades, creo que lo mejor es que viajéis a Francia; una vez allí, podrás pedir ayuda a tu amigo Belmont —comenta ella. —Eso es muy buena idea. Eres la mejor, por eso te quiero —responde C

