Pasamos algo más de una hora sentados frente al mar. Viendo las olas ir y venir. Él protegía l mano de la arena y con la otra pasó rato tocándola. Solo deslizando sus dedos haciendo formas, cualquier forma sin ningún significado. Deleitado con lo que era la playa. Guardaba silencio. Estaba sentado con las rodillas levantadas. Tal vez debí aprovechar para pedirle que me dejara ir libremente, pero en vez de eso, quedé muda mirando el mar también. Había paz. –Señor. – Giovanni tapó el sol con su cuerpo. –Traje lo que me pidió. –Ah Giovanni, si, gracias. –Le extendió la mano–Ayúdame a levantarme, ven. Giovanni lo ayudó alzándolo con equilibrio y después Guillermo me extendió la mano a mí y yo la acepté para que me ayudara a levantarme. Me estaba sonriendo y yo como

