El regreso de Max

662 Palabras

Había algo humillante en limpiar los suelos por los que una vez caminé con la frente en alto. Pero me acostumbré. Como me acostumbré al hambre, al frío, a las puertas cerradas y a las miradas que se apartan cuando necesitas ayuda. Ayer, cuando llevé a Mía al trabajo, ella se quedó dormida en aquella sala polvorienta que descubrí en el tercer piso. No era un lugar ideal para una niña de cuatro años, pero al menos era seguro. Mejor eso que dejarla sola en el cuarto, llorando sin entender por qué su madre desaparece todas las noches. Volvimos al cuarto de madrugada. Mía apenas abrió los ojos. Se durmió con la carita en mi pecho y sus dedos pequeños agarrando con fuerza mi blusa. Yo no dormí. Me quedé mirando el techo, pensando en lo bajo que había caído, en lo injusto que era todo, en cómo

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