Disparo

804 Palabras

Habíamos salido solo a respirar un poco. El parque estaba tranquilo, lleno de niños corriendo, perros ladrando y madres conversando en los bancos. Mía se reía mientras empujaba su carrito de juguete, con su moño rosa torcido y la camiseta manchada de helado. Yo sonreía, vigilándola desde cerca. Me sentía segura. Me lo repetía cada día. Max había puesto escoltas, tenía todo controlado… eso creía. Hasta que lo vi. Marco. Surgió de entre los árboles, como una sombra salida del infierno. Tenía una gorra, gafas de sol, pero era él. Mi corazón se detuvo. No hubo tiempo para reaccionar. Caminó directo hacia Mía con esa sonrisa enfermiza y antes de que yo pudiera gritar, la alzó en brazos. —¡Hola, mi princesa! ¿Me extrañaste? —dijo con dulzura fingida, mientras Mía lo miraba confundida. —¡Sué

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