III

2587 Palabras

III Una mañana, o mejor dicho una tarde, casi a fin de curso, salimos disparados de la Escuela, y como siempre pegamos la gran carrera desde la calle del Turco hasta la del Clavel, porque conviene advertir que desde las ocho, hora en que nos desayunábamos con el chocolate de barro cocido, hasta la una y media, que terminaba la de dibujo, las clases se empalmaban, no permitiendo sostener el cuerpo sino con alguna ensaimada que a hurtadillas comprábamos al portero, o algún mendrugo que escamoteábamos en casa para llevarlo de provisión. Olfateando el almuerzo, subimos dos a dos las escaleras. Al entrar en el comedor me sorprendió encontrarme frente a frente con mi tío Felipe, el cual me dijo sin preámbulos: —Hoy te vienes conmigo a almorzar a Fornos. Se me figura que aquí anda medianamente

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