7. Las mentiras son un pecado, mi señor

1729 Palabras

Dos meses, ese era el tiempo en el cual Dayana estaba como invitada en ese enorme castillo. Las cosas estaban más o menos en su lugar, no había podido ver a menudo al alfa, pero cuando lo hacía era un tiempo muy valioso para ella. Cada vez que estaba con el rey, algo dentro de su cuerpo se movía haciéndole cosquillas y no podía estar más de acuerdo en que su corazón ya había encontrado a esa persona que le llenara de mucho amor y devoción. Ese día, estaba sentada debajo de un árbol del jardín trasero. Hace unos días, había decidido salir del castillo para poder disfrutar de los días soleados y con un buen libro. Antes de sacar los libros, tuvo que pedirle permiso al rey para que no le dijera nada por haber sacado sus libros sin su permiso de la biblioteca. Este solamente le dijo que como

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