(POV Mía) Con rabia tuve que ver desde lejos como Loid se llevaba a la estúpida esa. —¿Qué le ves a esa mujerzuela, Loid? ¿Qué te hace quererla y no a mí? Me di vuelta, pegando mi espalda a la pared, mientras dejaba escapar unos suspiros de dolor. —He vivido amándote. Me pides que no lo haga, pero no puedo. Esto va más allá de mi voluntad. Te amo, Loid. Te amo tanto que cometería la peor locura por ti. Ni siquiera ante la supuesta infidelidad fuiste capaz de olvidarla. Vives embobado por esa tipeja ¡Mientras que yo muero de amor por ti! Limpié mis lagrimas con amargura, y volví a ver. Loid sacó unos billetes para entregarle al sacerdote que estaba fuera de la iglesia, pero él se negó a aceptarlo, de este modo, Loid le extendió la mano en un apretón de despedida. Volvió a su auto, y

