N’tasha soltó una larga ristra de maldiciones cuando las luces empezaron a perder potencia y después a apagarse, y en cuanto la nave perdió su energía el escalofriante brillo de las luces de emergencia se conectó al instante. Al cabo de un momento N’tasha se encontró gritando de pura frustración cuando todos los hombres del puente del mando la abandonaron. La pequeña perra humana había logrado salir de su celda y estaba provocando errores de funcionamiento en los sistemas de toda la nave. Debería haberla matado en cuanto se le presentó la oportunidad. «Nada está yendo según estaba planeado. ¡Raffvin me ha abandonado para que me pudra en el espacio con una pandilla de idiotas!», resopló N’tasha. «Estoy al mando de la nave, ¡soy yo quien les dice lo que deben hacer! Soy yo la que lleva todo

