Kelan llegó al río cuando ya se hacía de noche, encontrando rápidamente tanto el mensaje como el mapa que le había dejado Trisha. Había seguido el rastro que habían dejado tanto ella como los dos hombres, y aunque sabía que había más personas buscándola, también sabía que nunca darían con ella. A Kelan mismo le habían hecho falta todas las habilidades que había aprendido rastreándola la primera vez por el bosque en su mundo natal, además de las pistas que Trisha misma le había ido dejando. No dejaba de sorprenderse ante la cantidad de recursos con los que contaba su compañera. Se le daba muy bien ocultar sus pasos. Dos horas más tarde Kelan se encontró estudiando un árbol alto en el que podía oler a su compañera. Estaba allí. Luchó por contener un gruñido ante el aroma de los dos hombres

