Recordar como en el pasado, tenías a tantas personas conmigo y como ahora estoy quedándome con las manos vacías, es algo que me duele en lo profundo. Esperanzada en que las cosas esta vez salgan a mi favor, ruego a Dios porque se apiade de mí y no permita que me quede sola. Sin embargo, su respuesta es clara cuando mi padrino se despierta dando saltos como si convulsionará. Aterrada por perderlo, me levanto dando gritos. — ¡Necesito que me ayuden aquí, ahora! ¡Necesito un medico urgente! — grito en medio del llanto. Intento calmar a mi padrino, pero ello es imposible. Por fortuna, el personal llega rápido. — Señorita, usted debe salir de aquí —dice una de las enfermeras mientras me hace retroceder. Debido a mi padrino, la ignoro y me concentro en ver como lo revisan e intentan controla

