Seguro que mi cara es un poema. No puedo evitar sentir que me describe. Ella debe notar que dentro de mí se remueve una serie de sentimientos extraños, que van desde la vergüenza hasta la preocupación. Me mira con detenimiento. —¡Oh no! ¿Te he ofendido? —se muerde el labio. No respondo—. Lo siento, Noah. Yo no… —No te preocupes, Eun-Yeong… —carraspeo la garganta al darme cuenta que se me ha formado un nudo. —Si a ti te gusta eso, yo lo respeto y… —Tranquila —le sujeto una mano y le doy un apretón—. No ha pasado nada. —¡Dios! —Se lleva una mano a la frente—. Es que a veces me paso de la raya con lo que digo y… —Me encanta que te pases de la raya con lo que dices —le pongo una mano en la mejilla y la obligo a mirarme a los ojos—. Me encanta que seas tú misma —susurro—. Nunca pretendas

