Melina yacía en la cama del hospital, exhausta y dolorida después de la cesárea de emergencia. Las lágrimas aún rodaban por sus mejillas, pensando en el hombre que amaba y que ya no estaba, así como en la pequeña hija que no conocería a su padre. Samuel y Ámbar, habían estado allí acompañándole, Pero tuvieron que marcharse por asuntos del fallecimiento de Aníbal y le destrozaba no poder levantarse de la cama e ir también a verlo... quería verlo, lo necesitaba... necesitaba convencerse de que aquello realmente estaba sucediendo. De repente, una enfermera se acercó con una sonrisa. — Melina, tu bebé está lista para que la veas— dijo con voz amable. Ella asintió, ansiosa por conocer a su hija, a pesar de estar terriblemente dolorida, necesitaba ver ansu pequeña. La enfermera la ayudó a

