Aníbal estaba acostado en su cama descansando de largo día de trabajo y abrazado al cuerpo de Melina quien ya dormía plácidamente, escuchó su celular timbrar y solo rogó que fuese algo realmente importante, se sorprendió mucho al ver en la pantalla el nombre de su hijo, debía atender, si Samuel llamaba era porque era algo muy importante. —Hola hijo, feliz noche. Debo confesar que me extraña que estés llamando tan tarde pensé que te tenían prohibidas las llamadas. —Así es, pero he vuelto a la ciudad y estoy ansioso por verte. —Vaya, pero que agradable noticia— le dijo con alegría— me hubieses avisado y hubiese ido por ti al aeropuerto. —No quería alterar tus planes padre, aunque me hubiese encantado verte en el aeropuerto. Padre, tengo que verte, necesitamos hablar. —Claro que sí, t

