Madre se Mauricio Me senté en mi silla y miré a Maribel con una mezcla de furia y desdén. -Camila ha vuelto a Boston -le dije, con desprecio-. Esa mujer es un problema. No quiero que mi hijo se acerque a ella. Maribel se puso pálida y su rostro se contorsionó de dolor. -Maldita sea -murmuró, sintiendo lágrimas en sus ojos-. Maldita sea Camila por volver a Boston. Se levantó de la silla y comenzó a llorar, cubriéndose el rostro con las manos. -¿Por qué tiene que volver ahora? -sollozó-. ¿Por qué tiene que arruinar mi vida de nuevo? La miré con sorpresa, pero también con una sensación de satisfacción. Sabía que Maribel estaba angustiada porque sentía que su matrimonio con Mauricio estaba en peligro. -No te preocupes, querida -le dije, tratando de calmarla-. Estoy segura de que Mauricio

