La Mansión Reclama A Quienes Puede Confiar
La luz pálida del mediodía se filtraba a través de los grandes ventanales de Kingsley Hall, iluminando con un resplandor frío los corredores antiguos. Laura caminaba lentamente, casi como si flotara, con los ojos fijos en los detalles de los muros, las columnas y los techos ornamentados. Sus dedos rozaban la madera oscura de las barandillas y las molduras, cada textura parecía contarle un secreto. No parecía estar completamente consciente de su entorno, pero su cuerpo avanzaba con una precisión inquietante, como si supiera exactamente a dónde ir.
Patrick y Sonia permanecieron al pie de la gran escalera central, observándola con una atención cautelosa. No dijeron nada, pero sus miradas se cruzaron con una mezcla de asombro y preocupación.
- ¿Estás viendo lo mismo que yo? - murmuró Sonia, con un tono apenas audible.
Patrick asintió lentamente, su expresión seria.
- Es como si... como si conociera el lugar. - susurró, sin apartar los ojos de Laura - Mi padre me hablaba de cosas así, de cómo los recuerdos antiguos pueden aferrarse a ciertas personas. Pero esto... esto es diferente.
Laura continuaba su recorrido, sus pasos resonando ligeramente en el suelo de mármol. Se detuvo frente a un enorme espejo enmarcado en oro que colgaba en el corredor del segundo piso. Su reflejo le devolvió una imagen pálida y desorientada. Sin embargo, en su mente, lo que veía era algo completamente distinto: el corredor estaba lleno de vida, las velas de las lámparas encendidas y el murmullo lejano de voces se mezclaba con el aroma de cera y flores frescas.
Alzó la mano y tocó el espejo con los dedos, como si intentara atravesarlo. Un escalofrío recorrió su cuerpo, pero no retrocedió.
- Está como en trance. - comentó Sonia, dando un paso hacia adelante, pero Patrick la detuvo colocando una mano en su brazo.
- Déjala. - dijo con voz firme - A veces, la mansión reclama a quienes puede confiar. No debemos interferir.
Laura giró sobre sus talones y comenzó a caminar de nuevo, ahora hacia una de las puertas al final del corredor. Al entrar, la penumbra del interior la envolvió por completo. Era una antigua sala convertido en taller, con un atril cerca de la ventana cubierto por una fina capa de polvo en una esquina y una serie de cuadros sin terminar apilados en una esquina. Las cortinas pesadas bloqueaban casi toda la luz del sol, pero los detalles de la habitación le resultaban extrañamente familiares.
Se acercó al atril y acarició la madera. Cerró los ojos y, por un momento, sintió como si estuviera siendo observada. No por Patrick ni Sonia, sino por algo más antiguo, algo que habitaba las paredes de la mansión.
Un susurro apenas audible pareció llenar el aire:
“Lady Elise...”
Laura abrió los ojos de golpe, su pecho subiendo y bajando rápidamente mientras trataba de normalizar su respiración. Pero en lugar de asustarse, su expresión se tornó pensativa, incluso melancólica. Dio un paso atrás, tambaleándose ligeramente y se apoyó en el borde de la ventana para estabilizarse.
Desde el umbral de la sala, Patrick y Sonia continuaban vigilándola. Patrick apretó los labios, como si estuviera considerando algo importante.
- Es exactamente como él lo dijo. - murmuró.
- ¿Quién? - preguntó Sonia, con la voz apenas contenida.
- Mi padre. Decía que, si algún día el maestro regresaba a esta casa con la mujer que pudiera verla como realmente es, entonces los secretos de los Kingsley finalmente saldrían a la luz. Creo que ella es esa persona. La maestra ha regresado.
Sonia asintió lentamente, pero había una sombra de preocupación en su mirada.
- ¿Y si no está lista? ¿Y si esto la rompe? - preguntó en un susurro, su voz llena de dudas.
Patrick no respondió de inmediato. Sus ojos seguían fijos en Laura, que ahora parecía debatirse entre salir de la habitación o explorarla más. Finalmente, murmuró:
- Eso depende de ella. Pero no podemos detener lo que ya empezó. Kingsley Hall ha esperado demasiado tiempo.
Laura, sin percatarse de su conversación, salió de la sala de arte y continuó su recorrido. Sus pasos la llevaron al ala oeste, donde las puertas permanecían cerradas bajo llave. Se detuvo frente a una de ellas, colocando una mano en la madera pesada. Sintió un calor extraño, como si algo al otro lado de la puerta estuviera vivo.
Patrick y Sonia la siguieron en silencio, manteniendo una distancia prudente. Finalmente, Patrick habló, su voz firme pero respetuosa.
- Mi señora, esa parte de la mansión está cerrada. Solo el maestro puede decidir si se abre.
Laura giró lentamente para mirarlos, su mirada todavía distante, pero había algo más en sus ojos ahora. Una chispa de curiosidad, mezclada con una determinación que parecía no ser completamente suya.
- Entonces él debe abrirla. - respondió, con un tono que no parecía el suyo habitual.
Patrick inclinó la cabeza, reconociendo la fuerza en sus palabras. Sonia tomó la mano de su esposo, apretándola con fuerza cuando el cerrojo sonó después de que ella se alejó. El sello estaba abierto.
- La casa está despierta para ella. - murmuró Sonia, casi para sí misma - Y no hay vuelta atrás.