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1927 Palabras
Antes y Ahora Las puertas se cerraron tras él con un crujido resonante, el eco reverberando en todo el vestíbulo. Un suspiro de viento recorrió la mansión, como si la casa misma estuviera respirando, reconociendo su presencia. Nicholas no se detuvo a mirar atrás. Lo que quedaba de ese mundo ya no le pertenecía; su única prioridad era Laura, su esposa. Antes y ahora. La mansión lo había aceptado nuevamente, pero todo su ser estaba dirigido hacia una sola cosa: encontrarla. Sabía que Laura estaba ahí, en algún rincón de esa casa antigua, esperando. El linaje que la conectaba con él, las sombras del pasado que se arrastraban entre ellos, todo se desvanecía al pensar en su rostro. Al saber que su amor, su vida compartida, había sido truncada por tanto tiempo. Ahora la buscaba con una urgencia desesperada. - Bienvenido, maestro. - dijo Owen apareciendo frente a él de manera respetuosa. - Owen… - le dijo con cuidado. A estas alturas no podía sorprenderse de lo que pasaba en la mansión – ¿Debería castigarte por dejar a tu señor fuera de su casa? - Yo no fui, mi señor… La mansión necesitaba estar segura de que su corazón estuviera en su lugar… - se defendió. - ¿Lo sabía? ¿Qué tenía los recuerdos de Cedric? - La mansión reconoció la fuerza de su sangre… - explicó – pero cuando lo vio junto a la señora ya no tuvo dudas. - ¿Ella está bien? - Por supuesto, maestro. La señora está descansando en la habitación de la marquesa. Protegida… - ¿Cómo supieron que era ella? - preguntó. - Su alma brilla para nosotros… Sus obras aún están aquí… - le dijo indicando varios cuadros… Cuando llegó fue verla sonreír de nuevo… - El relicario… - Ella lo buscó toda su vida… Cuando estuvo lista ella lo recordó… - Quiero verla… primero a ella y luego mi despacho… - ordenó con cuidado. Sabía que la mansión y su poder era poderosa y no quería arriesgarse a ser expulsado de nuevo. - Si, mi señor… Cruzó el gran vestíbulo, donde las antiguas pinturas observaban desde las paredes, sus ojos fijos, inmutables. Nicholas apenas prestaba atención a los detalles a su alrededor, pero sentía cómo la mansión lo envolvía, cómo cada paso que daba era una reivindicación de lo que estaba por venir. Subió por la escalinata principal con determinación, sus pasos firmes y rápidos. Cada escalón que subía parecía ser un acercamiento más al reencuentro con Laura. La angustia que había sentido antes desaparecía con cada movimiento; todo lo que importaba ahora era que ella lo reconociera, que comprendiera lo que significaba para él y lo que había sucedido en el pasado. Al llegar al segundo piso, se dirigió hacia el ala oeste, donde la había sentido. Esa ala, más apartada, más misteriosa, le había llamado de alguna manera. Era allí donde su corazón le decía que debía ir. La habitación de la marquesa. Sus dedos temblorosos rozaron las paredes al caminar, como si buscara una señal, un susurro que le indicara su presencia. Pero nada. La mansión, en su silencio, no revelaba nada. El pasillo parecía interminable, lleno de puertas cerradas, pero Nicholas no dudó. Sabía que ella estaba cerca. Cuando llegó frente a una puerta particularmente grande, adornada con molduras doradas, la intrincada talladura parecía familiar. Laura estaba ahí. Tenía que estar ahí. Sin pensarlo, empujó la puerta, que se abrió con un suave crujido, como si la mansión le permitiera finalmente entrar. Dentro, la luz de una lámpara tenue iluminaba la habitación. El aire estaba cargado de un extraño silencio, uno de esos momentos en los que el tiempo parece detenerse. Y allí, en la cama, entre las sábanas blancas, estaba Laura, su silueta delicada bajo la luz cálida. Él respiró hondo, sus ojos fijos en ella, su corazón acelerado. La imagen de ella, en ese mismo lugar en su noche de bodas, despertó una oleada de recuerdos. Ella, su esposa. Antes, cuando estaba en su vida de nuevo y siempre. Al verla allí, el tiempo se desdibujó. No importaba el qué, ni el por qué. Solo importaba que ella era la misma Laura, la misma Elise, la mujer que había compartido su vida, su amor. No había separación entre ellas. Se acercó a la cama con pasos cautelosos, como si temiera que, al acercarse demasiado, el sueño que la envolvía desapareciera. Pero no. Ella seguía allí, tan hermosa como siempre, tan suya. “Laura...” susurró, con la voz cargada de emoción. Ella se movió lentamente en la cama, entreabriendo los ojos, todavía adormecida. El reconocimiento tardó un segundo más del esperado, pero cuando sus ojos se encontraron con los de él, su mirada lo dijo todo. Era ella. Y él, aunque había sido otro en el pasado, también lo era. Su corazón palpitaba con una mezcla de alivio y desesperación. - ¿Cedric...? - murmuró ella, con una voz adormecida. Nicholas cerró los ojos por un momento, sintiendo que el peso de su nombre, de su historia, lo envolvía. - No, Laura. Soy yo... siempre lo fui. Cedric o Nicholas… ya no importa… Las palabras, aunque sinceras, parecieron no ser suficientes. En su interior, algo tembló al escuchar su nombre, al ver la confusión en su rostro. Pero no podía mentirle. No podía seguir ocultándole lo que había sido su vida. La verdad era esta: él y ella, siempre estuvieron destinados a encontrarse, a ser uno. Y ahora, más que nunca, su destino se estaba cumpliendo. Laura se incorporó en la cama, lentamente, como si las piezas de un rompecabezas comenzaran a encajar en su mente. Su expresión cambió, la duda se disipó y su voz, aunque aún quebrada por la confusión, sonaba con una certeza naciente. - ¿Entonces... qué significa eso? - preguntó, su mirada fija en él, buscando respuestas. Nicholas se acercó y, tomando su mano, la sostuvo con firmeza. - Significa que todo ha vuelto a su lugar, Laura. Yo he regresado, quien fui, quien soy hemos regresado a ti… - ¿Recuerdas a Cedric?- le preguntó ansiosa - Recuerdo mi vida con ese nombre y también la que tengo ahora con otro, pero yo sigo siendo el mismo…Un alma que ha buscado su complemento siempre… Antes no pude protegerte, pero ahora lo haré distinto. Lo prometo. Tú eres lo que me faltaba… Lamento haberme resistido tanto. Tenía miedo de fallar… de fallarte de nuevo… Laura le sonrió y acarició su mejilla como tantas veces lo hizo en sus sueños. - Nunca me fallaste… Hiciste todo lo que estaba en tus manos, antes y ahora…Incluso a costa de tus miedos y preocupaciones. Me trajiste a Kingsley Hall a pesar de saber que podría hacerte daño trayendo más dolor… - No sé lo que va a pasar ahora, pero quiero terminar lo que empezamos… Los documentos que probaban lo que hizo Langley, si podemos encontrarlos… - comenzó a decir Nicholas con cuidado. - El relicario… Siento que debemos encontrarlo… - murmuró – lo he dibujado desde siempre… debe ser importante… Nicholas sonrió sacándolo de su bolsillo y poniéndoselo entre las manos. - Lo es… - le dijo acariciando sus dedos, los que temblaron al verlo – Lo encontraste… - No lo recuerdo… - le dijo mientras lo abría con suavidad y veía el retrato desgastado pasando la punta de los dedos por la superficie. Luego, con el aliento contenido, abrió el compartimiento oculto y la llave estaba en su lugar. - La vi en mis sueños… - le dijo con un suspiro – Quería encontrarla… - ¿Sabes que abre? – le preguntó Nicholas con curiosidad para saber que tanto ella recordaba. No quería traer recuerdos dolorosos que no podría manejar. - No… Solo sé que era importante… - Abre una caja fuerte oculta en el despacho… Creo que tiene documentos que probarán que Cedric no arruinó el marquesado… Los ojos de Laura brillaron con esperanza. - ¿Podemos limpiar su nombre? - Creo que si… Si recuperamos esos papeles tendremos la evidencia…pero será peligroso…No sabemos quien puede estar detrás de todo, aunque hayan pasado 150 años. - No lo enfrentarás solo… - le dijo con confianza, pero Nicholas suspiró. - No quiero que te arriesgues, ya te perdí una vez… El tono de su voz conmovió a Laura, pero una chispa de desafío brilló en sus ojos. - Elise era más frágil que yo – le aclaró. - No eras frágil, cariño. – le dijo sin darse cuenta – Decidida, tozuda, leal… sigues siendo igual… No creí que tener una pareja que me llevara la contra todo el tiempo fuera tan estimulante… - ¿Una pareja? - preguntó de regreso y luego se sonrojó al recordar el sueño donde ambos dormían en la cama como amantes. Nicholas sonrió al verla. - Creo que recuerdas lo mismo… - le dijo divertido – Esta cama tiene recuerdos - ¡Oye! - le dijo alejándose de él, pero el hombre la detuvo mirándola con intensidad. - Tu amante ha regresado… No me alejes cuando acabo de encontrarte después de tanto tiempo - Sus palabras resonaron en el aire, como una promesa sellada en lo más profundo de su alma. - Nicholas… - No volveré a dejarte. No más. Laura lo miró, sus ojos llenos de una mezcla de sorpresa, miedo y esperanza. Ella no dijo nada, pero la respuesta estaba en su mirada. Ya no importaba lo que había pasado. Ya no importaba lo que había sido antes. Porque la verdad era que, al igual que él, ella había vuelto a la mansión, a la historia, al amor que había sido suyo desde siempre. Nicholas se inclinó hacia ella, sus ojos fijos en los de Laura, viendo en ellos un reflejo de la misma determinación que ardía en su pecho. La había encontrado, y nada, absolutamente nada, podría separarlos ahora. La mansión, la oscuridad del pasado, las sombras de lo perdido... todo eso se desvanecía al saber que, por fin, estaban juntos de nuevo. Laura, con los ojos brillando con una mezcla de emoción y confusión, lo miró como si estuviera buscando algo en sus palabras, algo que confirmara la verdad de todo lo que había vivido, de todo lo que había temido. Ella había estado perdida entre la niebla de su mente, atrapada en los recuerdos que no lograba conectar. Pero ahora, al oírlo, un cambio se gestaba en su interior. Las piezas del rompecabezas comenzaban a encajar. - No más… - repitió ella, con un susurro, como si probara esas palabras, como si fueran un bálsamo para el dolor que la había acompañado durante tanto tiempo. Nicholas le acarició la mejilla, un gesto lleno de ternura que contrastaba con la determinación en su voz. - Terminaremos lo que empezamos, Laura. Recuperaremos lo que nos pertenece. Nuestro hogar, nuestra herencia… lo recuperaremos todo. Laura, sintiendo el peso de esas palabras, dejó que sus ojos se humedecieran, pero no lloró. Era diferente ahora. Había una fuerza renovada en ella, un fuego que respondía al del hombre frente a ella. Sabía lo que estaba en juego, sabía lo que significaba estar en la misma lucha, no solo por la herencia o por la mansión, sino por el amor que compartían. La guerra, las pérdidas, todo lo que habían vivido hasta ahora había sido solo una parte de la historia. La verdadera batalla comenzaba en ese momento. Y en ese abrazo, Nicholas susurró, más para él que para ella: - Nada nos detendrá. Nada. Lo prometo, Laura. Esta vez no fallaré.
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