LA HUIDA

1886 Palabras

La manipulación de Mei había alcanzado su punto más alto. Había elegido cuidadosamente las palabras, los momentos y los gestos para sembrar la duda en el corazón de An, quien, cada día más vulnerable, comenzaba a aceptar la narrativa que Mei le imponía: Zeyan estaba enamorado de ella, y An no era más que una carga temporal en su vida. Un encuentro decisivo Aquella tarde, Mei encontró a An en el jardín, sentada en un banco bajo la sombra de un cerezo. Su semblante apagado era todo lo que Mei necesitaba para saber que había logrado quebrar su espíritu. Con una sonrisa triunfante, se acercó y se sentó a su lado, fingiendo preocupación. —An, querida, he notado que últimamente estás más callada de lo normal. ¿Todo bien? —preguntó Mei con un tono que destilaba falsa amabilidad. An no respond

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