La noche era pesada y el aire, sofocante. Zeyan no podía conciliar el sueño, atrapado en un torbellino de celos y furia. Cada vez que cerraba los ojos, las imágenes de An con Zhao Fei invadían su mente como una pesadilla constante. Su orgullo y su incapacidad para confiar lo estaban empujando al límite, pero lo que más lo atormentaba era la idea de que An pudiera estar traicionándolo. Al amanecer, Zeyan abandonó su habitación y fue directo al comedor, donde encontró a An sirviendo té. La mujer, con ojeras evidentes, apenas levantó la vista para mirarlo. —An, tenemos que hablar ahora —dijo Zeyan, su voz cortante. An lo miró con cansancio, pero no respondió de inmediato. Simplemente se sentó, sosteniendo su taza con ambas manos como si esa acción pudiera calmar la tormenta que veía formán

