OCHO

1001 Palabras

La noche había caído sobre la mansión Qin, y con ella, un pesado silencio se instaló en sus pasillos. An, atrapada en su habitación, no podía dejar de pensar en las palabras de Mei y de su madre. El peso de las expectativas y de su propio dolor la estaba consumiendo. Había decidido que la única salida era hablar con Zeyan y terminar con aquel matrimonio que, según todos, nunca debió haber existido. Sin embargo, antes de que pudiera reunir el valor suficiente para enfrentarlo, la puerta de su habitación se abrió de golpe, revelando a Zeyan. Su rostro estaba oscuro, sus ojos fijos en ella con una intensidad que la hizo retroceder un paso. —Zeyan… ¿qué haces aquí? —preguntó An, tratando de ocultar el temblor en su voz. Él cerró la puerta detrás de sí, su postura imponente llenando el espac

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