Mei paseaba por la amplia sala de la mansión Qin, luciendo un vestido de diseñador que resaltaba su elegancia calculada. Observaba cómo los rayos del sol iluminaban los adornos de cristal, pensando en cómo ejecutar su próximo movimiento. Había esperado pacientemente para ganarse el favor completo de Zeyan, y aunque su paciencia comenzaba a agotarse, estaba segura de que este viaje cambiaría todo. —Zeyan —dijo con una sonrisa encantadora mientras entraba en su oficina—. Estaba pensando en que necesitamos un respiro de la rutina. Hay una exposición internacional en París la próxima semana, y creo que sería perfecto para ambos. Tú podrías resolver algunos asuntos de la empresa y yo asistiría como tu acompañante. Zeyan, que revisaba unos contratos en su silla de ruedas, apenas levantó la mir

