Madison hiperventiló, el cuerpo se debilitó sintiendo el dolor en su pecho y cabeza, el sentimiento hizo reaccionar a Akira, pero no de una buena manera. –¡Matala! –gruñía –. ¡Matala! No debe meterse con lo nuestro. Había algo diferente, sintió la marca de su brazo arder, se quejó del dolor y la vista se le nublo, no podía pensar con claridad, luchaba con Akira que estaba siendo guiada por su irá, se dio la vuelta para caminar por el pasillo, tenía que alejarse de ese lugar, pero no podía caminar; frustración, irá y enojo corría por sus venas. –Es mío y nadie puede tocarlo –gruñía Akira, intentaba salir, Madison luchaba ante la extraña sensación y contra sus propios sentimientos. –Controlar mis emociones –repitió en voz alta –. Controlar mis emociones. –Nos controlamos cuando la

