Antonio Soler va caminando para encontrarse con Imelda que sabe dónde la va a encontrar; en la pequeña oficina que le adaptaron en el cobertizo que está en el establo que hace las veces de veterinaria. Todo fue dispuesto por la misma Eleanor. Aún recuerda la furia que tenía la mujer de cabellos rubios y ojos azules, porque según ella, él estaba coqueteando con la mujer de Daniel y a ella no le parecía justo que le hiciera daño a una joven buena como Eleanor. Antonio esto le golpeo fuerte, pues pensó que la mujer estaría dispuesta hacerle daño a la esposa de Daniel, al fin y al cabo ella era su rival. —Todo es tan extraño— murmuro el hombre y cuando la vio enfrascada en un montón de papeles se la quedó mirando. Era verdad lo que comentó aquella mañana Ana María, antes de que él l

