La tarde comienza a perder la fuerza para darle la bienvenida a la noche y desde una pequeña ventana una mujer pensativa ve despedirse el atardecer de maravillosos colores que pintan el firmamento. Sus hermosos y únicos colores naranjas, rojo y rosas son fuerte en el gran lienzo blancuzco y gris del cansado día, haciendo aquella una magnifica y única pintura del autor de los días. Un largo y sonoro suspiro se deja oír en el silencio de aquella fría y solitaria habitación. Madeleine sentada cerca de la ventana mira a través de ella, en su nuevo apartamento que consiguió a última hora, mira muy concentrada sin un lugar fijo, mientras recuerda todo lo que ella ha pasado en los últimos días. Su vida siempre ha sido un total caos, sin orden y sin dirección, pero la llegada del jugad

