Los pies de Imelda chapotean en el agua y ella mira como las gotas salpican. Ella se siente muy feliz pues nunca imagino que su hermana estuviera viva, aunque no comprende la maldad de su tía, y sobre todo porque hacerle daño a ellas. Aunque si es sincera en cierta forma está agradecida porque su hermana no está muerta y ahora están aprovechando su presencia en sus vidas. Ambas son muy sinceras y cada día sus lazos son más fuertes. Sus pies están arrugados por el tiempo de tenerlos en el agua. Deja escapar un largo y sonoro suspiro. El lugar es tan maravilloso que aún recuerda cuando la llevo su hermana a ese lugar. Su lugar de ensueño. -Bueno ya es hora- dijo cuándo levanto la mira y vio que el día comenzaba a perder la potente luz del día- y tengo los pies arrugados. Le

