Conduje directamente hasta el clan, necesitaba hablar con Marrota sobre lo ocurrido, aunque no quiero que esto le ocasione problemas antes de su retiro. Ayer invertí varias horas de mi tiempo libre en busca de un lugar que pueda descansar y disfrutar de los últimos días de su vida.
Entre al comedor y vi a los chicos reunidos almorzando
-¡Hola chicos!- salude mientras seguía caminando hacia la oficina de Marrota
-¡Ey, Maria!- Markos siguió mis pasos -llevamos semanas sin vernos, llegas y no tienes la decencia de ir hasta mi para saludar- seguí caminando, no tengo tiempo para esto -¡¡MARIA!!- me detuvo haciendo presión en mi brazo
-Markos, ahora no es un buen momento, me urge hablar con Marrota, si quieres despues te busco y nos pondremos al tanto- acaricie el cuello de su inmaculada camisa
-no- me llevó a rastras hasta la primera habitación -sere rápido- bajo la cremallera de su pantalón a toda prisa dejando ver mi prominente erección -llevo días de abstinencia y no dejaré pasar esta oportunidad- me ayudó a quitarme la ropa y una vez desnuda me arrojo sobre la cama, besándome con urgencia, devorando mis labios, bajo una de sus manos hasta mi centro -ya extrañaba tu humedad en mis dedos- su voz ronca me excito y sin previo aviso irrumpió en mi centro, llenándome por completo, haciéndome sucumbir ante tanto placer -me hacía falta sentir los espasmos de tu cuerpo- empezó a hablar mientras se dejaba ir -eres todo un deleite Maria-
-ya basta de cursilerias Markos- estaba debajo de él -déjame ir con Marrota- lo empuje por el hombro -ya estuvo bueno por hoy- sonrió y lentamente salió de mi
-¿desde cuando Maria se encuentra suficiente un solo encontronazo?- hablo con burla -cuánto has cambiado- empezó a vestirse y yo le seguí los pasos. Es cierto lo que dice Markos, nunca me es suficiente del sexo, pero es más importante lo que tengo que decirle a Marrota, ya luego podré disfrutar de esto.
Reanude el camino nuevamente a la oficina y le pedí a Lucky que me dejara pasar y este me anunció con Marrota, el cual me esperaba junto a Manuel y Javier
-que bueno que llega señorita Hernandez, si que sabe hacerse desear- la voz sarcástica de Javier no se hizo esperar, pero, ¿cómo supo mi apellido? -no debe de sorprenderte el hecho de que sepa tu verdadero nombre Maria, de hecho, siempre lo supimos, solo que sabemos cumplir con los tratos- mire a Marrota el cual lucía un tanto molesto
-termina de entrar Maria, nos debemos una charla...creo que en la primer no pudimos entendernos bien- su voz desdeñosa me irrito, pero me contuve
-Marrota-
-ahora no Maria, por favor- señaló la silla -tenemos que hablar- tome asiento y mantuve una postura erguida -Manuel me explica que ya termino con su labor, pero que le pidió un último favor y te rehusaste a él, lo que no me quedó claro es el hecho de que él está aquí por una tonteria como esta- miro fijamente a Manuel
-somos viejos amigos Marrota y no quiero que nuestra relación se vea afectada por una tontería como dices- tomó un trago del vaso que tenía en la mano
-en diferentes ocasiones te aclare que Maria hiria con el fin de saber quien era el infiltrado, lo descubrió y ahi murio, ya no tiene que acatar tus órdenes y menos una como esa- Marrota rio con sarcasmo -es que ni yo me atrevería a pedirle algo así Manuel, ella posee su autonomía...ella es libre de hacer lo que desee y ni tu ni yo somos quienes para reprimirla de hacerlo-
-te equivocas Marrota, somos tus socios y tu no querrás perder una relación de tanto tiempo, solo por no darme a una simple agente para que sea mi esposa- Javier como siempre hablando con despotismo, con sus aires de grandeza
-¿me estas amenazando Javier?- Marrota se puso de pies y golpeó su escritorio -no te juegues con fuego Javier, creeme que me importa un comino nuestra sociedad si ustedes son los primeros en romper- los miro a ambos
-tranquilo Marrota, aquí nadie tiene la intención de romper nada- le lanzó una mirada asesina a Javier -imagino que sí en tanto tiempo no le has contado su verdad a María, es por que le has tomado aprecio e imagino que no querrás que ella sepa la verdad- su sonrisa ladeada fue todo menos amistosa
-no te atrevas a chantajearme Manuel, porque si a decir verdad vamos, te se muchas- su tono fue amenazante.