–¡Catalina! Tengo que irme, puedes ir a mi consultorio en la tarde, pero de igual te llamaré – me detengo en el umbral de la puerta - ¿Qué te parece? -Pues, bien… Qué te vaya bien el trabajo. -Igualmente… ¡Ah! Todavía no tienes uno – le sonrío – bueno, estoy atareada – doy la media vuelta – no le abras la puerta a personas extrañas… -¿Cuántos años tengo? ¿Acaso soy una niña de cinco años? – me sonríe de lado. -Sígueme la corriente, he vivido sola en esta casa – me encojo de hombros. -Ah – sólo se limita en hacer un gesto. Se me había olvidado establecer una alarma, pero apenas llevo media hora de retraso. Aunque, he notado que últimamente he llegado tarde a mi consultorio, por lo menos Martha me había llamado esta mañana y tengo entendido de que nadie me está esperando. Pero quizás,

