Lejos Del Ocaso —Gracias —cierro la portezuela del taxi y, me encamino al interior del club. He tenido que mostrarle la identificación al vigilante. Al adentrarme, ya escucho la cacofonía, sí, esos sonidos desagradables, poco armoniosos, retumban en mis tímpanos con ferocidad. La música se mete en mi torrente, pero no corcovea la emoción. Sin aspavimientos, recorro el lugar lleno de luces parpadeando junto a la vibración, nadando entre la oleada de personas que se atraviesan en mi camino. Alcohol y cigarrillo se juntan en una nube, arrugo la nariz, aborrezco el olor. A cada rato brota de mis labios la palabra "permiso", pocas veces doy codazos, si no hay otro modo. Esta gente tan absorta en el libertinaje, distanciada de la realidad, vuela y se ensimisma demasiado en el momento. Por es

