capítulo 1

452 Palabras
Sombras y Destinos El eco de los tacones resonaba en el vasto pasillo de mármol, donde las luces doradas de las lámparas antiguas proyectaban destellos sobre las paredes cubiertas de retratos de generaciones pasadas. Sofía había aprendido desde niña a mantener la cabeza alta y el paso firme, incluso cuando las sombras se movían a su alrededor con intenciones desconocidas. Aquella noche, la mansión de la familia estaba llena de risas y murmullos, una celebración que ocultaba más de lo que mostraba. La opulencia y la ostentación eran el pan de cada día, pero esa vez había algo diferente en el aire. Una tensión sutil, casi imperceptible para los ojos que no estaban acostumbrados a leer entre líneas. Sofía ajustó el fino vestido de seda color marfil que acariciaba sus curvas y levantó la mirada hacia el salón principal. Sus ojos encontraron a su madre, siempre imponente, charlando con invitados y lanzándole miradas que exigían perfección. Ella respondió con una sonrisa calculada, esa que había practicado durante años. Pero por dentro, sentía el peso de lo que sabía que esa noche implicaba: decisiones y alianzas, algunas más peligrosas que otras. “¿Te sientes fuera de lugar?” La voz baja y áspera la sorprendió. Sofía giró y se encontró con los ojos acerados de Sergei. Vestido con un traje oscuro impecable, su sola presencia parecía reclamar el espacio alrededor. Él no era solo un guardaespaldas; era una sombra con vida propia, un hombre cuya lealtad era tan temida como su frialdad. “¿Acaso te sorprende?” Sofía arqueó una ceja, en un intento de mantener el tono despreocupado. Una chispa de algo parecido al desafío brilló en los ojos de Sergei. “Aquí todos lo estamos, solo que algunos lo disimulan mejor que otros.” Ella quiso replicar, pero la presencia de Sergei la desarmaba. Había algo en él, una mezcla de peligro y protección que despertaba sus instintos de supervivencia y, al mismo tiempo, algo más profundo, algo que se negaba a explorar. Antes de que pudiera responder, la música cambió, y las puertas del salón se abrieron de par en par para recibir a los recién llegados. Las risas cesaron por un momento, y todas las miradas se volvieron hacia la entrada. Sofía sintió un escalofrío recorrerle la columna cuando Sergei se tensó a su lado, sus ojos ahora clavados en la figura que acababa de aparecer. Había algo en la postura de él, un reconocimiento silencioso, como si la noche estuviera a punto de cambiar de rumbo. Y lo que Sofía no sabía era que, a partir de esa noche, su destino y el de Sergei quedarían entrelazados en un juego de poder, deseo y lealtades cuestionables.
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