capítulo 5

626 Palabras
La amenaza en la oscuridad Las luces del salón titilaban con la energía de la fiesta, pero Sofía no lograba regresar completamente al bullicio. Las palabras de Sergei seguían resonando en su mente, mezclándose con la creciente sensación de que algo estaba a punto de estallar. Caminó entre los invitados con una sonrisa mecánica, fingiendo interés en las conversaciones, mientras su mirada buscaba a Dimitri y a Sergei. De pronto, la voz de Dimitri se hizo notar a su derecha. —Sofía, he estado buscándote. —Su tono era despreocupado, pero sus ojos, afilados como cuchillas, decían otra cosa. Ella intentó mantener la compostura. —Aquí estoy, Dimitri. ¿Qué ocurre? Él la tomó suavemente por el codo, guiándola hacia un rincón más apartado. —Escucha, hermana. Esta noche, se están llevando a cabo más cosas de las que puedes ver. Necesito que tengas cuidado y que confíes solo en mí. Sofía sintió un nudo en el estómago. La advertencia de Sergei había sido similar, y ahora Dimitri confirmaba que había algo que no le estaban diciendo. —¿Qué es lo que está pasando? —insistió, dejando escapar la frustración en su voz. Dimitri la miró por un largo momento antes de responder. —Hay facciones dentro de nuestra familia y fuera de ella que están buscando un punto débil, Sofía. Y tú... —Hizo una pausa, su expresión endureciéndose—. Tú podrías ser ese punto. El silencio se volvió insoportable, y el corazón de Sofía comenzó a latir con fuerza. Antes de que pudiera formular una respuesta, la figura de Sergei apareció entre las sombras, acercándose a ellos con paso firme. Había algo en su rostro, una mezcla de furia contenida y determinación. —Dimitri, déjala en paz —dijo Sergei, su voz baja pero cargada de amenaza. Dimitri soltó una carcajada sarcástica, levantando las manos como si no tuviera nada que ocultar. —Relájate, Sergei. Solo estoy hablando con mi querida hermana. —Conozco tus métodos, Dimitri. —La voz de Sergei se endureció—. Y te lo advierto, mantente alejado de ella. El aire entre los dos hombres se cargó de una tensión que parecía que podría romperse en cualquier momento. Sofía, atrapada entre ellos, sintió cómo su respiración se volvía más rápida. No entendía completamente lo que estaba ocurriendo, pero sabía que estaba en el centro de algo más grande de lo que había imaginado. Dimitri dio un paso hacia Sergei, sus ojos brillando con un desafío que parecía más un recordatorio de su posición en la familia que una amenaza directa. —Tú no me das órdenes, Sergei. Recuerda tu lugar. El silencio fue roto por un grito que venía desde el otro lado de la sala. Los tres se giraron al mismo tiempo, y vieron cómo un grupo de hombres vestidos de n***o irrumpía en el salón, armas en mano. El caos se desató en cuestión de segundos: gritos, disparos y el sonido de copas rompiéndose mientras los invitados buscaban refugio. Sergei se movió instintivamente, rodeando a Sofía con sus brazos y empujándola hacia un lugar seguro detrás de una columna de mármol. —¡Quédate aquí y no te muevas! —le ordenó, antes de lanzarse de nuevo al tumulto. Dimitri, por su parte, desenfundó una pistola de su chaqueta, sus ojos buscando al líder de los atacantes mientras una sonrisa peligrosa se dibujaba en su rostro. Sofía se quedó donde estaba, su corazón latiendo a un ritmo frenético mientras el mundo a su alrededor se convertía en un torbellino de violencia y ruido. Y en medio de todo, supo que esta noche no solo se trataba de alianzas y amenazas. Algo más profundo estaba en juego, y su vida nunca volvería a ser la misma.
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